En el relato encontrarás que desde el principio la vida estaba al alcance del hombre. Hoy continúa siendo así para los que realmente creen. Quizás pensemos que Jesús murió, pero encontrarás que la vida permanece intacta por Él.
Recuerda seguir nuestra cuenta en Facebook y seguirnos también a través de YouTube: “DANA, la historia completa”
#RelatosdeamordeDANA
#CadamesunRelato
Te hacemos la entrega del relato completo.
NO, NO MORIRÁS; SERÁS COMO DIOS
En la biblia se nos presenta la muerte desde el principio. Dios le indica al primer hombre, Adán, que no coma del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal porque moriréis irremediablemente. No el conocimiento del bien y del mal en sí; sino del fruto de este conocimiento. Fue una indicación de prohibición sin mayor elocuencia y detalle.
Ahora que ha pasado muchos milenios de aquella indicación nosotros los hombres nos preguntamos, con este conocimiento ya, por qué significaba ser tan perjudicial el fruto de este conocimiento.
En principio conocer el bien y el mal no es perjudicial en lo absoluto, es el fruto de este conocimiento.
«Dios el Señor le ordenó al hombre: “Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, sin duda morirás.”»
Aquel árbol hoy en día está presente dentro de cada uno todos los días echando fruto, como que nos acompaña y es imposible despojarnos de él. Y es de este corazón que nacen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, robos y blasfemias. Es de dentro del hombre que nacen estos frutos.
Entonces, la muerte necesariamente devendría por aquel fruto y morimos cada vez que tenemos malos pensamientos, matamos, somos adúlteros… el peso de este fruto que nace de nuestro corazón supone morir cada día hasta que no nos levantemos, a eso llamó Dios “sin duda morirás”.
Aunque no fue en aquel mismo instante, es claro que fue un morir a diario por el peso que se acumula en nuestro corazón por dar aquellos frutos del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Bueno, ya que poseemos de este conocimiento, nos preguntamos ¿Qué hubiera pasado si no comíamos de aquel fruto? La respuesta es que el primer hombre habría tomado el fruto del árbol de la vida. El no tener este conocimiento o lo que es lo mismo el no juzgar nos lleva a tener la vida que se perdió en el huerto del Edén. Se estaría en el camino de tomar del fruto del árbol de la vida.
Sin podernos despojar de este conocimiento y con los frutos que da a diario nuestro corazón corrupto ahora. Lo que siguió fue el destierro del huerto del Edén de Adán y su esposa. Y querubines al oriente de la entrada al huerto del Edén custodian con espadas encendidas de fuego que giran en todas direcciones.
Ningún hombre puede tomar del árbol del fruto de la vida, ni antes, ni hoy, pero ¿Siempre ha de ser así? En apocalipsis se indica.
«En la mano derecha del que estaba sentado en el trono vi un
libro escrito por dentro y por fuera y sellado con siete sellos. Y vi también
un ángel poderoso que clamaba con voz resonante:
— ¿Quién es digno de abrir el libro y romper sus sellos?
Y nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni en los abismos,
podía desenrollar el libro y ni siquiera mirarlo. Entonces rompí a llorar a
lágrima viva porque nadie fue considerado digno de abrir el libro y ni siquiera
de mirarlo. Pero uno de los ancianos me dijo:
— No llores. ¿No ves que ha salido victorioso el león de la
tribu de Judá, el retoño de David? Él desenrollará el libro y romperá sus siete
sellos.
Vi entonces, en medio, un Cordero que estaba entre el trono,
los cuatro seres vivientes y los ancianos. Estaba en pie y mostraba señales de
haber sido degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete
espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Se acercó el Cordero y recibió
el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Apenas recibió
el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron
ante el Cordero; todos tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son
las oraciones de los santos. Y cantaban a coro este cántico nuevo:
— Digno eres de recibir el libro y romper sus sellos, porque has sido degollado y con tu sangre has adquirido para Dios gentes de toda raza, lengua, pueblo y nación, y has constituido con ellas un reino de sacerdotes que servirán a nuestro Dios y reinarán sobre la tierra.
Y escuché en la visión la voz de innumerables ángeles que
estaban alrededor del trono, de los seres vivientes y de los ancianos. Eran
miles y miles, millones y millones, y proclamaban en un inmenso coro:
— Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Y oí también que las criaturas todas del cielo y de la tierra, las que estaban debajo de la tierra y en el mar decían:
— Alabanza, honor, gloria y poder por los siglos sin fin al que está sentado en el trono y al Cordero. Los cuatro seres vivientes respondieron: “Amén”; y los ancianos se postraron en profunda adoración.»
Vieron que en el texto de arriba es Jesús el cordero degollado. Hoy en Él está la vida o lo que fue en el principio el fruto del árbol de la vida.
Juan vino y clamó en el desierto: “Preparen el camino del Señor, háganle sendas que estén derechas” y fue claro en proclamar el bautismo de conversión. Enseguida mencionaría.
«El que tiene dos túnicas, debe compartir con el que no tiene ninguno. El que tiene comida, compártala con el que no tiene.»
Y Jesús quiso remarcarlo añadiéndole autoridad.
«Pero yo les digo a ustedes que me escuchan, amen a sus enemigos. Hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen y oren por los que los maltratan. Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra. Si alguien te quita la capa, deja que también tome tu camisa. A todo el que te pida algo, dáselo. Si alguien toma de ti lo que no es suyo, no le pidas que te lo devuelva. Traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes. Si ustedes solamente aman a los que los aman, ¿qué gracia tiene? Hasta los pecadores aman a aquellos que los aman.»
Juan en el desierto y Jesús entre nosotros conocían a Dios porque tenían claro cómo es su propio corazón. Jesús tuvo un corazón tan igual como de cualquier hombre. Afirmó a quien le dijo Maestro bueno “Por qué me llamas bueno, bueno solo hay uno, el Padre”.
La muerte rige y gobierna para dar fin y término a los frutos del corazón malvado con que todo hombre nace. Dios no se equivocó al prohibir de comer de aquel fruto en el principio. Entonces cuando morimos damos el pago por el hecho de dar fruto de este conocimiento prohibido. Es el pago de nuestras acciones y cada acción del hombre contiene algo de este fruto.
Teniendo algo de muerte cada día, el hombre, a través de la
ciencia y la fe que son intrínsecos en el hombre tratamos de explicar la
muerte; por la fe tratamos de saber, ¿por qué la serpiente en el huerto del
Edén quiso que muriéramos? Por qué nos arrastró a la muerte, a una muerte que
estaba con él.
«Eso es mentira. No morirán. Dios bien sabe que, cuando ustedes coman del fruto de ese árbol, serán iguales a Dios y podrán conocer el bien y el mal.»
Usó algo de verdad
para que cayéramos en su engaño. Mas adelante Dios indicaría en su ser trino
“Ahora el hombre es como nosotros, no vaya a ser que alargue su mano y tome del
fruto del árbol de la vida”. Solo en esto somos iguales a Dios, en todo lo
demás somos a imagen y semejanza suya.
La muerte como eterna, no lo es. Pero la muerte como Dios la coloca es para frenar el corazón que se corrompió. Ya no hay vida en el hombre todo lo que hay es maldad, malos pensamientos, homicidios, hurtos…
En el libro apócrifo de Adán y Eva se narra los días siguientes a cuando Dios los echa del huerto del Edén. Empiezan a conocer la oscuridad que antes no percibían. También perciben el miedo paralizante de conducirse sin Dios; fue así cada uno de sus días. Lo más importante en aquel libro tras la tentación de la serpiente en muchas ocasiones. Es que revela el motivo por el que Satanás buscan la condenación del hombre. Satanás argumenta que Adán es la causa de su caída y expulsión, ya que se negó a adorarlo cuando Dios lo ordenó.
En la narrativa, Satanás relata que cuando Dios creó a Adán a su imagen, ordenó a los ángeles adorarlo. Satanás se negó, diciendo: "¿Por qué me obligas a adorar a este ser inferior hecho de tierra?". Por esta desobediencia, Satanás y sus ángeles fueron expulsados, jurando venganza contra Adán y Eva para asegurar que ellos también perdieran el paraíso y el favor divino.
Si Satanás logra engañar al hombre hallará sustento para remplazar a Dios con un hombre en los tiempos del fin. Por consiguiente, llevar al hombre a la condenación eterna. Y aquel que se colocará en el lugar de Dios en los tiempos del fin buscará oponerse a Dios y a todo lo que es de Dios. Se le conoce a este hombre como el Anticristo o la bestia del apocalipsis.
Un libro apócrifo no conlleva un mismo peso que el relato bíblico, por ello debemos pedir al Espíritu Santo para que discernamos si hay verdad o no en aquel libro.
Cuando Juan y Jesús indican que cambiemos con estas palabras: “Den al que no tiene, si alguien te quita lo que es tuyo… cuando alguien te golpee en una mejilla coloca también la otra”. Todo eso lleva a la comprensión del fruto del árbol de la vida que no lo pudo hacer Adán en el huerto. Hacerlo así es comprender nuestro propio corazón corrupto que llevamos dentro. Y lo es desde que nacemos y desde antes que nazcamos y seguirá siéndolo si no nacemos de nuevo por el agua y el espíritu.
Hacer lo que Juan y Jesús nos piden, aquello de no devolver el mal a los que nos lo hacen, es porque solo así podremos tomar del fruto del árbol de la vida. Porque Dios nos hizo como Él y es exigencia que se pague con sangre los yerros que hay en el hombre. Los sacrificios para Dios son de sumo necesario, el derramar la sangre por la justicia que busca restablecernos del pecado.
El sacrificio de Jesús y la sangre derramada es de agrado a Dios.
Porque para el hombre y para Dios es necesario derramar sangre para pagar la culpa. Pero el sacrificio de Jesús es suficiente para no volver a derramar nuevamente la sangre de ningún otro hombre.
Sin embargo, hasta que no regrese Jesús con el esplendor y gloria que es como se narra en la biblia nos es necesario soportar el derramamiento de sangre de los mártires y de los profetas que lo hacen en defensa del evangelio.
«Dios ama a las personas que él ha elegido, y por eso el tiempo de sufrimiento no será muy largo. Si no fuera así, todos morirían.»
Hoy en nuestros días que las noticias, las informaciones y los hallazgos se difunden rápidamente se tiene registros en video en que criaturas del cielo, extraterrestres, que tras estrellarse sus naves u ovnis y moribundos indican que la muerte no existe. En el video se ve al extraterrestre moribundo; él, indica que la muerte realmente como tal no existe. Y nombra la existencia de dimensiones y de viajes entre estas dimensiones que colocarían a la muerte como el paso a otra dimensión tan simplemente.
Pues bien, aquella afirmación y quien la revela estando cerca de morir solo nos estaría llevando a la misma afirmación que hizo la serpiente en el huerto del Edén: “no, no morirás; serás como Dios”.
Oremos. Dios y Padre celestial parecemos estar obligados a
seguirte, pero no es así. Te seguimos porque estamos convencidos que tu palabra
es eterna y se cumplirá. Nos amas y por amor es que no quieres que te dejemos
de lado. Te pedimos por quienes tenemos cerca y siempre han significado mucho,
nuestros familiares. Queremos que tu palabra llegue a cada rincón y que con eso
llegue el momento de tu venida. Todo esto te pedimos en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario