LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN
Quizás pensemos que podamos hallarnos en gracia sin reconocer estar ciegos. En el relato del mes de mayo encontrarás que sin la necesidad de ver porque somos ciegos no podremos alcanzar el agrado de Dios.
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Ahora hacemos entrega del relato completo.
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PORQUE DICES QUE VES TU PECADO PERMANECE
Cuando parece que ya estamos saliendo de momentos inciertos, cuando parece que está a punto de salir el sol, cuando aún hay algo por hacer y aunque sale el sol sin lograr resolver. Nos preocupa porque quizás ya no es momento de seguir y dejarlo así es lo mejor. Si nunca lo entendimos o si nunca quisimos. Igual la vida sigue estemos nosotros o sin estar nosotros.
Qué podemos hacer cuando la vida nos dejará y no hay nada que podamos hacer.
Quizás es un enfoque errado porque estamos viendo nuestro estado como algo sin terminar. Como que algo presente es inconforme a nuestro parecer. Incluso algo dentro nuestro está haciéndonos dudar; por qué sentimos que no estamos realizándonos.
¿Puede haber algo que simplemente podamos controlar? Esa es la pregunta que debemos hacernos realmente. Pensabas que tu esencia estaba en todo aquello. En las cosas que debes de hacer o conseguir. En las cosas que tu corazón te dicta o que te lo dictaron hacer. Que no puedes sentirte realizado sin haber hecho esto u aquello.
«El Señor habló con Moisés y le dijo: “Ordénales a los israelitas que regresen y acampen frente a Pi Hajirot, entre Migdol y el mar. Que acampen junto al mar, frente a Baal Zefón. El faraón va a pensar: “Los israelitas andan perdidos en esa tierra. ¡El desierto los tiene acorralados!”. Yo, por mi parte, endureceré el corazón del faraón para que los persiga. Voy a cubrirme de gloria a costa del faraón y de todo su ejército. ¡Y los egipcios sabrán que yo soy el Señor!”.»
Crees que el faraón podía hacer algo cuando Dios dictaminó en que su corazón sea endurecido. No. Si lo dictaminó así debía de ser. Dios lo dictamina y eso es lo que ocurre. Y quizás alguno quisiera echarle la culpa a Dios por todo lo mal que obró pues Dios pudo hacer lo mismo de lo que hace con el faraón como para que uno también haya obrado mal. Tiene sentido y quizás sea así. Ahora pongámoslo en contexto. El faraón perseguía al pueblo de Dios; al pueblo escogido.
Si se quiere algo, es necesario pedírselo a Dios. Un corazón endurecido nunca hace eso. Si la forma de obrar del faraón hizo que permaneciese endurecido fue porque obstruyó con su deseo de la liberación de su pueblo.
Dios se compadece de su pueblo y si fueras su pueblo oiría los deseos de tu corazón. Cambia para que Dios no vaya a endurecerte más el corazón. Que se compadezca por lo que haces, obras y dices. No hay nada que puedas controlar sin que escape de la voluntad de Dios.
Y se sabe que el ejército del faraón persiguió y acorraló al pueblo de Israel en aquel lugar entre el mar y el desierto. La caída de aquel pueblo elegido por Dios era inminente.
Y si has visto el inicio del relato, es así como uno se siente cuando está claro que algo continuará sin resolverse. Siempre hay algo que nunca resolverás y que ya no tiene caso. Pues así mismo hace Dios con el pueblo de Israel para que encuentren algo que habían pasado por alto. La voluntad del Señor.
También se halla similitud cuando aquel hijo pródigo despilfarró la herencia que le dio su padre y quería tomar algo de las algarrobas de los cerdos para saciarse a sí mismo. Es en el mismo contexto en que uno sabe que no hay salida. Nosotros como en los relatos bíblicos acorralados como entre la espada y la pared, entre el desierto y el mar, y entre morirse de hambre o tomar del alimento de los cerdos que no se le permitía. Estar acorralado para que al fin se pueda ver que no se logrará por ti mismo, sino la voluntad de Dios obrando a través de ti.
Y solo acorralado sepas que lo último no está en ti, sino en la voluntad del Señor.
Aquel pueblo salió victorioso al cruzar el mar. Y cruzaron el mar cuando tenían al ejército con sus armas y carros del faraón muy cerca.
«Entonces sacaron de allí a Jesús, y lo llevaron a lo alto de la colina donde estaba el pueblo, pues querían arrojarlo por el precipicio. Pero Jesús pasó en medio de ellos, y se fue de Nazaret.»
La similitud del pueblo escogido pasando por las aguas del mar rojo con Jesús pasando por entre las personas. En ambos casos es porque aún no tienen un destino concluido.
Hay muchos pasajes bíblicos en los que puedas ver lo que pasa por ti ahora, por ende encontrarás muchos pasajes de lo que viviste y de los que te servirán más adelante. Lo importante es que lo comprendas y sepas hoy porque no hay otro estado importante que el ahora.
Por eso mismo no tienes por qué sentirte fuera o dentro; simplemente la esencia del ser es que Dios quiere que te halles ante Dios en cada instante.
«No importa quién planta o quién riega; lo importante es que Dios hace crecer la semilla.»
En el momento más triste Dios está contigo, en el más feliz igualmente. No puede haber algo que Dios no pueda hacer por ti y sus caminos son de paz y de justicia. El corazón del hombre es endurecido para entender que hay algo que se ha tomado en consideración. No dejes que el enojo te domine. Considera que a su momento Dios obrará a favor de quienes tiene por su pueblo.
La capacidad del hombre es similar a la de Dios porque Dios sopló y el hombre tuvo vida. Sin embargo, el creador no dejó al hombre porque aquel soplo era Dios mismo en espíritu. El hombre existe con Dios consigo; realmente es así.
Entonces, la plenitud se halla con Dios y el hombre con Dios. El bien y el mal están intrínsicamente vinculados. El bien de ti podría significar el mal de aquel. No todo lo que es bueno está totalmente apartado del mal. En un sentido el bien halla significado en ti, pero en otros el mal es el que te da significado.
El pecado habita en el hombre puesto que se instauró desde el inicio. Dios tuvo que retirar al hombre del huerto del Edén cuando el hombre concibió consigo el fruto del conocimiento del bien y del mal. Hoy custodian aquel huerto y solo el fuego del espíritu de Dios hace que recobremos aquel lugar que está apartado para el mundo.
«Luego dijo Jesús:
—Yo he venido a este mundo para hacer juicio, para que los ciegos vean y para que los que ven se vuelvan ciegos.
Algunos fariseos que estaban con él, al oír esto, le preguntaron:
—¿Acaso nosotros también somos ciegos?
Jesús les contestó:
—Si ustedes fueran ciegos, no tendrían culpa de sus pecados. Pero como dicen que ven, son culpables.»
En otra versión de la biblia se encuentra de este otro modo:
«Jesús dijo: “Yo he venido a este mundo para juicio; para que vean los que no ven, y para que los que ven se queden ciegos”. Al oír esto, algunos de los fariseos que estaban con él le preguntaron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?” Jesús les respondió: “Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, como dicen que ven, su pecado permanece”.»
El bien y el mal debería entremezclarse y no permanecer como se le percibe hoy, estancado. El hombre defiende el “status quo” que es algo como defender el bien solo en un lugar, en un grupo o sector y el mal apartado fuera de éste. Como que se deje para otro grupo, sector o lugar. Es decir, debiera fluir sin más sentido para los hombres y sea Dios quien imparta la justicia como Señor que es. La coherencia a través de Dios y no del hombre. Porque el hombre erige barreras entre sus similares y entre sus propios hermanos.
Así hoy se ve a algunos países con sus gobiernos considerados a los que aspirar y otros considerados desechados por lo apartados que de ellos están. Hombres que esclavizan a hombres o gobiernos que crean libres y esclavos. El caos como el fruto considerado para los apartados del bien.
Así, Dios siempre envía profetas para que dejen su mal actuar. Hombres revestidos de gracia y virtud para que consideren a Dios el único capaz de restaurar y traer justicia a su pueblo.
En el texto en que Jesús pasó por en medio de ellos cuando iban a despeñarlo fue cuando les dijo a los judíos en la sinagoga que tras los 3 ½ años de sequía, Elías no fue a una de las tantas viudas de allí; sino a una viuda de Sarepta de Sidón. Y en tiempos del profeta Eliseo tras un periodo de gran enfermedad no fue enviado a uno del pueblo judío; sino a Naamán el Sirio.
Estamos llamados a enviar este mensaje a los que creen que ven pues son los que se condenan en su pecado. Nos es necesario que nuestro pecado sea puesto a la luz del pueblo para que vean como Dios actúa para que en la vida solo se halle gracia por Él.
Todos tenemos un estatus queramos o no. El “status quo” nos impone que lo que está como está, debe permanecer así. No hay caso que hagas algo porque si así funciona así ha de funcionar siempre. Estamos inmersos en nuestro pueblo sea bueno o no, sea libre o no. Tenemos el llamado a actuar conforme a como Dios pues Dios se hace el pecado que habita en nosotros para llamarnos a ir en pos del prójimo que sin saberlo actúa como nosotros actuábamos involuntariamente.
En el mar nosotros somos como una gota. Si no naces del agua y del espíritu no entrarás en el reino de los cielos. Es imposible identificar una gota de agua dentro del vasto mar; salvo que seas como Jesús para pasar por en medio de ese mar para realizar el llamado por el que viniste a este mundo.
A Jesús no lo despeñaron porque Jesús era aún como uno de ellos. Todavía no había cumplido a lo que fue llamado cuando nació. Él nació para ser el cordero que quita el pecado del mundo y solo llegaría a serlo al morir sentenciado a la cruz en el monte del calvario.
No se preocupen de nada porque no está dado a ser como tú quieres que sea, sino mas bien reflexiona en la voluntad del Señor en la vida que percibes distinta conforme a ti.
Si es Dios el Señor de todo cuanto ocurre en este mundo, y si nosotros tenemos algo; queremos perennizarlo. Fortalecemos cosas perecederas siendo nosotros también perecederos. La vida está cuando dejas de controlar y dejas a Dios que lo haga por ti. Así en cada cosa verás el sentido por el que Dios te colocó allí en medio.
La vida es más grande que saber que ya tienes para llegar al fin de mes y que podrás dejar de trabajar el fin de semana o al final. Que conseguiste aquello que habías anhelado desde pequeño. La vida es más ahora que puedes tener mayores cosas materiales.
Recuerda que Dios es quien sabe como será tus días por cada decisión pequeña o grande que tomes. Puede revertir con lo más pequeño que consideres o lo mayor que consideres porque finalmente tu percepción de vida que tienes está dado a lo que ponga Dios en tu corazón.
Toma en serio a Dios porque finalmente la vida en la tierra es como el polvo del que fuiste creado o como el soplo que te dio a tener la vida. Según entiendas y hagas por los hombres y por quienes Dios te pone cerca. Es como andas conforme a Dios y preferir perder más lo tuyo por hacer más por los demás porque así estás hallando algo en el cielo.
El cielo es la justicia que no ves hoy al hacer algo por la voluntad de Dios. Nunca lo comprenderás sin experimentar la voluntad de Dios instaurada a las buenas o a las malas en ti.
Quizás el momento de dolor que no comprendes hoy es la alegría que estabas impedido de hallar en la tierra pero sí en el cielo. Es el cielo que no encuentras hoy es el que Dios te entrega y no ves. No ves porque eres como un ciego y que el cielo se manifieste por Él porque lo tienes como tu Dios.
No intentes cambiar algo fuera de ti sin Dios actuando en ti y si la esencia de Dios es el amor, solo el amor que les brindes a quienes están contigo los hará cambiar.
Oremos. Dios eterno no podemos comprender mucho de lo que hacemos y sabemos que es porque mucho no es de tu agrado. Pero si entendemos que eres Tú viviendo en nosotros entenderemos que hay algo que motiva a continuar conforme a tu voluntad. No nos quites el aliento. Queremos la vida para experimentar las bondades de tu espíritu. Somos similares a ti y queremos creer que alcanzaremos la vida eterna. Todo te lo pedimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


