#RelatosdeamordeDANA
Hacemos entrega del relato completo.
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LA IRA DE DIOS
Los hombres en la actualidad como en tiempos remotos han sentido el peso de sus actos contra sí mismos. Y sintieron el peso directo de Dios contra uno o muchos como ellos. Y hay hombres que lo niegan; indican totalmente inadmisible que alguien así pueda permitir la miseria, hambrunas, guerras, enfermedades, asesinatos y todo tipo de desgracias en el mundo.
Preguntan “¿Cómo un Dios de amor lo permite?” Cierran su entendimiento a Él exclusivamente para culparlo. Y como no cabe culparlo lo niegan. No pretendo ir contra ellos, ni contra ningún hombre. Quiero que se oiga una versión de mí como la hay de todos.
En el principio Dios creó al hombre y lo puso por sobre todo ser viviente de lo creado antes. Tiene potestad sobre aquellos por designio del Creador. Pero el pecado entró en el hombre y por poco se echa a perder en gran medida la voluntad de Dios. Los apartó del paraíso para que no se perpetuase el pecado que habitaba ahora dentro de ellos. Sin embargo, fuera de aquel lugar deberían conseguir el propósito de siempre e imperecedero de su espíritu.
La palabra “no” contempla en esencia la ley.
«De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás.»
Estaban en el huerto del Edén Adán y su esposa. Dios los llevó para que percibieran el cielo que es la morada de Dios. Cultivarían la tierra y tomarían de todo fruto de los árboles de allí. Dios trabaja en la tierra que es nuestro espíritu y espera igualmente los frutos de nosotros.
En el texto de arriba se indica el único “no” —la ley siempre lleva un “no”— no matarás, no robarás, no cometerás adulterio, no mentirás, no tendrás malos pensamientos, etc. Era apenas el principio y ya se le colocaba todo a su alcance. Empezar una aventura interminable para que a partir de sí alcanzase el fruto del árbol de la vida. Aquel árbol estaba en el medio. Todo el equilibrio se arruinaba a partir del árbol junto a éste, el del conocimiento del bien y del mal. La máxima creación de Dios, el hombre, prefirió el que no le estaba permitido comer. Hoy Jesús representa el fruto del árbol de la vida… pero.
«La luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas»
Es la condenación que se vive hoy en día. Aunque vemos muerte en todos lados pues los animales mueren y las plantas igual y todo en la tierra cumple un ciclo de vida para finalmente morir. Incluso la vida puede ser cortada abruptamente por alguien de su propia especie, y entre especies también. De uno hacia el otro y viceversa. Al parecer las cosas cumplen un ciclo de vida para dar paso a algo nuevo.
¿Es que acaso la muerte es parte de la vida? Sí, porque heredamos la muerte del pecado de nuestros primeros padres. Pero la vida está llena de ciclos de amaneceres y atardeceres y que la vida se encarga de devolvernos aquello que la muerte nos arrebata para devenir de nuevos amaneceres. O la luz que proviene de Dios.
Los gobiernos o las formas de gobiernos de antes, de hoy y de siempre no son la salida. Cada acontecimiento nuevo trasgrede al anterior implantándose por sobre la forma que se había implantado. Luego, surge otra con otro gobernante y que se impone. Desencadenando que el hombre sea el servil de la potestad inadmisible dada por Dios en el principio. Aparta al hombre de la voluntad inicial que Dios le otorgó a Adán y su esposa. Ya no reconocen a Dios en todo. Agachan la cabeza sin encontrar nuevamente el camino. Aquella potestad impera con la forma de las huestes de maldad de este mundo.
En esencia, la forma de gobierno implantándose entre los hombres crece como una salida. Cada día, cada año y a lo largo de los siglos ha ido haciéndose más fuerte. Ahora que ya es inconmensurable se quiere colocar en el lugar de Dios. La potestad que el hombre le otorga nos convierte en un secuaz más de uno mayor, el diablo.
Jesús vino hacia el final de esta la historia humana. Fue para rescatar al hombre y todo lo que está bajo su potestad. La creación entera junto a cada uno de nosotros. La ley de Dios se plasmó en el hombre como un infinito sinigual, tan igual como lo tiene solo el Creador. Sucede ahora en los hombres de buena voluntad y está replicado en el infinito Dios.
No hay nada, ni nadie que pueda ir contra lo que Dios implantó en el hombre, el espíritu. Y es el Espíritu de Dios el que es capaz de restablecer el espíritu del hombre tal como fue en el principio y tal como ocurrió con Jesús, el hijo de Dios, resucitado de la tumba.
Desde tiempos inmemoriales Dios como el creador actúa en favor de nosotros. No relegó al hombre por un solo instante. Y pese a que el hombre se corrompió su amparo está cerca siempre. Dios sabe exactamente lo que devendrá para toda la creación con Él y sin Él consigo. A unos los coloca a su derecha y a otros a su izquierda. El mundo sin Él está dominado erigiéndose unos contra otros; no hay hombre por sí mismo que pueda contra eso.
Alguien que niega a Dios y que indica “Si Dios existiera no permitiría tanta maldad” en esencia está erigiéndose como Dios. Lo juzga para colocarse en su lugar.
Jesús llega al hombre en los tiempos finales preparando el desenlace de la creación entera. Por Él es que hoy el hombre está en capacidad de sostenerse en los momentos más turbios de su historia y siempre prevalecerá. La historia llega a un final esperanzador; ya no con la muerte como era hasta antes de Jesús, sino con la redención por su Hijo.
Se conoce de Dios como rico en misericordia y lento a la cólera. En esencia la ira de Dios se da al romper su mandamiento primero “amarás a Dios por sobre todas las cosas”.
«Yo soy el Señor tu Dios, quien te rescató de la tierra de Egipto, donde eras esclavo. No tengas ningún otro dios aparte de mí.»
Imagina que eres alguien pequeño en un inmenso lugar; puedes llegar al lugar más recóndito si lo deseas. Si subes a lo alto de un monte quizás logres ver un lugar en que te agrade estar y permanecer allí. Si quieres llegar allí lo harás. Pero cómo saber que aquel lugar es el que te corresponde. Verlo desde lejos es diferente que estar allí y que te guste como para establecerte allí.
«Porque ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?»
Quizás antes de embarcarte a aquel lugar pidas referencias de quienes ya han visitado aquel lugar. Quizás halles referencias buenas y también de las otras. Pero si no estás tú mismo allí no serviría para tenerlo todo en claro.
Ahora imagina que solo te den referencias malas del lugar espléndido para que no vayas. Y se desmorona tu propia apreciación de aquel lugar que lograste ver cuando subiste al monte. Entonces, solo por corroborar vas y no es nada de lo que se había dicho. Es seguro que te entrará una furia hacia quienes quisieron apartarte de aquel lugar espléndido, ¿o no?
«El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en plenitud.»
«Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen. A su debido tiempo, sus pies resbalarán. Les llegará el día de la calamidad, y su destino los alcanzará.»
Tu furia tiene sentido, no podrás cargar la furia incontenible siempre que se te apodera cada vez que los recuerdes. Aplacar la ira de algún modo es lo que queda para que halles la paz.
El ladrón es astuto te pone deleites carnales, poder por sobre tus semejantes y el tener muchas cosas para mantenerte lejos. Y así como tú sobre un monte alto apreciaste lo inmenso que está a merced. El hombre está a merced de Dios. Dios pudo ver el recorrido para cuando se pudo ver lo esplendoroso de aquel lugar.
Sin embargo, hubo otros que cargaron con lo que les ofrecía el mundo y nunca obtuvieron el esplendor. La ira de Dios va hacia quienes como su enemigo les impiden el paso; hacen que se pierdan. Incluso éstos se convencieron de que en el mundo es donde se perennizarán. Cierran el entendimiento de quienes marchan hacia Dios y los hacen perderse. Dios que puso a merced del hombre su creación, ahora han perdido el único y verdadero sentido de su existencia.
«¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Les cierran a los demás el reino de los cielos; ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo».
Un solo hombre que vivía en aquel espléndido lugar nos lo cuenta para que no nos apartemos del camino a través de quienes intentan apartarnos.
«¿Tú eres un respetado maestro judío y aún no entiendes estas cosas? Te aseguro que les contamos lo que sabemos y hemos visto, y ustedes todavía se niegan a creer nuestro testimonio».
«las preocupaciones de este mundo, el engaño de las riquezas, y la codicia por otras cosas, entran en ellos y ahogan la palabra, por lo que ésta no llega a dar fruto».
Si nos apartan y cierran el paso. Nosotros apartaremos el paso a otros como nos lo impidieron otros. Es como sembrar la semilla equivocada —cizaña— la cual sembrada en reemplazo de la original nos aparta del fruto real; un destino distinto al designio de Dios. La ira de Dios sobreviene a quien nos aparta del testimonio de su hijo único.
«y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues».
Dios nos indicará una y mil veces si es necesario el camino. No tengas dudas. Aunque podrías pensar que ya no hay remedio, nunca dudes de que en sus manos estamos. No hay nada que podamos hacer para que una sola tilde de la ley deje de cumplirse. Quienes recibirán de la ira de Dios contrariamente a todo lo que pensábamos no son los sin casa, los sin ropa, los sin dignidad. Son quienes teniendo esto les falta mirarlos con compasión.
«¡Ay de ustedes también, doctores de la ley! Porque cargan a los demás con cargas insoportables que ustedes mismos no están dispuestos a tocar ni siquiera con un dedo».
El mundo se compone de una parte física y que aparentemente es la real. Pero no es toda la realidad. Esta sola parte y que domina al mundo no es la que prevalece. Hay una parte dejada de lado y es que esta parte física solo es el reflejo de la que se proyecta desde el cielo.
No es aquí nuestra casa. Está allá en lo alto y es lo verdadero. Decimos en oración “hágase tu voluntad en la tierra como es en el cielo”. Lo que está en el cielo son nuestras oraciones, es lo que hablamos dentro de nosotros y que se proyectan en el mundo físico.
Mientras nos refiramos de la forma que Dios quiere de nosotros mismos y de los demás y que son como nosotros; siempre se prevalecerá. Llegará el día en que esta palabra se presentará a los hombres. Esta realidad llegará a nosotros con el esplendor y la gloria que solo proviene de Dios.
Aquel día hará que comprendamos todo y que no tengamos más preguntas. Será el día de nuestra redención.
La ira de Dios es de evidencia en la biblia en todos los tiempos y se desencadena sobre el mundo. Pero en el fin de los tiempos se evidencia sobre la ciudad del pecado expuesta en el capítulo 18 del libro del apocalipsis. A continuación, coloco el texto completo tal cual aparece en las escrituras sagradas.
Después de esto vi a otro ángel que bajaba del cielo. Tenía mucho poder, y la tierra se iluminó con su resplandor. Gritó a gran voz:
Se ha convertido en morada de demonios
y en guarida de todo espíritu maligno,
en nido de toda ave impura y detestable.
Porque todas las naciones han bebido
el excitante vino de su adulterio;
los reyes de la tierra cometieron adulterio con ella,
y los comerciantes de la tierra se enriquecieron
a costa de lo que ella despilfarraba en sus lujos».
Luego oí otra voz del cielo que decía:
«Salid de ella, pueblo mío,
para que no seáis cómplices de sus pecados,
ni os alcance ninguna de sus plagas;
pues sus pecados se han amontonado hasta el cielo,
y de sus injusticias se ha acordado Dios.
Pagadle con la misma moneda;
Dadle el doble de lo que ha cometido,
y en la misma copa en que ella preparó bebida
mezcladle una doble porción.
En la medida en que ella se entregó a la vanagloria y al arrogante lujo,
dadle tormento y aflicción;
porque en su corazón se jacta:
“Estoy sentada como reina;
no soy viuda ni sufriré jamás”.
Por eso, en un solo día le sobrevendrán sus plagas:
pestilencia, aflicción y hambre.
Será consumida por el fuego,
porque poderoso es el Señor Dios que la juzga».
Cuando los reyes de la tierra que cometieron adulterio con ella y compartieron su lujo vean el humo del fuego que la consume, llorarán de dolor por ella. Aterrorizados al ver semejante castigo, se mantendrán a distancia y gritarán:
«¡Ay! ¡Ay de ti, la gran ciudad,
Babilonia, ciudad poderosa,
porque en una sola hora ha llegado tu juicio!»
Los comerciantes de la tierra llorarán y harán duelo por ella, porque ya no habrá quien les compre sus mercaderías: 12 artículos de oro, plata, piedras preciosas y perlas; lino fino, púrpura, telas de seda y escarlata; toda clase de maderas de cedro; los más variados objetos, hechos de marfil, de madera preciosa, de bronce, de hierro y de mármol; 13 cargamentos de canela y especias aromáticas; de incienso, mirra y perfumes; de vino y aceite; de harina refinada y trigo; de ganado vacuno y de corderos; de caballos y carruajes; y hasta de seres humanos, vendidos como esclavos.
Y dirán: «Se ha apartado de ti el fruto que con toda el alma codiciabas. Has perdido todas tus cosas suntuosas y espléndidas, y nunca las recuperarás». Los comerciantes que vendían estas mercaderías y se habían enriquecido a costa de ella se mantendrán a distancia, aterrorizados al ver semejante castigo. Llorarán y harán lamentación:
«¡Ay! ¡Ay de la gran ciudad,
vestida de lino fino, de púrpura y escarlata,
y adornada con oro, piedras preciosas y perlas,
porque en una sola hora ha quedado destruida toda tu riqueza!»
Todos los capitanes de barco, los pasajeros, los marineros y todos los que viven del mar se detendrán a lo lejos. Al ver el humo del fuego que la consume, exclamarán: «¿Hubo jamás alguna ciudad como esta gran ciudad?» Harán duelo, llorando y lamentándose a gritos:
«¡Ay! ¡Ay de la gran ciudad,
con cuya opulencia se enriquecieron
todos los dueños de flotas navieras!
¡En una sola hora ha quedado destruida!
¡Alégrate, oh cielo, por lo que le ha sucedido!
¡Alegraos también vosotros, santos, apóstoles y profetas!,
porque Dios, al juzgarla,
os ha hecho justicia».
Entonces un ángel poderoso levantó una piedra del tamaño de una gran rueda de molino, y la arrojó al mar diciendo:
serás derribada con la misma violencia,
y desaparecerás de la faz de la tierra.
Jamás volverá a oírse en ti
la música de los cantantes
y de arpas, flautas y trompetas.
Jamás volverá a hallarse en ti
ningún tipo de artesano.
Jamás volverá a oírse en ti
el ruido de la rueda de molino.
Jamás volverá a brillar en ti
la luz de ninguna lámpara.
Jamás volverá a sentirse en ti
el regocijo de las nupcias.
Porque tus comerciantes
eran los magnates del mundo,
porque con tus hechicerías
engañaste a todas las naciones,
porque en ti se halló sangre de profetas y de santos,
y de todos los que han sido asesinados en la tierra».
Oremos. Señor amado y bendito, encuéntranos como quieres que seamos hallados; haciendo tu voluntad. El mundo tratará de apartarnos tantas veces, pero Tú estarás de igual modo para traernos de regreso. No inclines tu vista a nuestros pecados mas bien míranos con compasión. Nuestra semilla eres Tú y tu voluntad, aliéntanos a hacer lo necesario para no marchitarnos. La fe que te tenemos es más grande que nuestras faltas. Preferimos más tu consuelo que lo que ofrece el mundo. Ayúdanos a encontrarnos unos con otros no importándonos nuestras faltas, sino en la fe de que harás de nosotros algo nuevo. Todo te lo pedimos en el santo nombre de nuestro Señor Jesús, amén.

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