
LE DIJO A JUDAS "LO QUE VAS A HACER, HAZLO PRONTO"
Siendo humanos y haciendo recuento de nuestros hechos vividos nos percatamos de situaciones que no quisiéramos recordar; quizás porque muchos recuerdos nos hacen avergonzar. Y mientras más hayamos vivido tendremos certeza que son más reconocibles y tendremos mayor detalle.
Los años en que a uno le llega la certeza que dichos actos pudieron ser mejor llevados o que debieron resolverse de forma distinta es variable. A unos les llega antes y a otros después. Pero tenemos certeza que actos como aquellos se pueden volver a dar si no llegamos a enderezar el camino.
Un joven Juan proclamó estas palabras: “Preparen en el desierto, un camino para el Señor; enderecen en el desierto un sendero para Dios”. Hay hombres que pueden entender más fácilmente lo torcido del camino que llevan. Por el contrario; algunos llegan difícilmente a entender que sus actos son de crueldad, de soberbia o de inmadurez.
Entendemos, que todos llegarán a comprenderlo porque el evangelio llegará a todos y cuando llegue por segunda vez Jesucristo toda rodilla se doblará y todos lo proclamarán como su Señor.
Siendo así, un acto por simple o pequeño de maldad le será reclamado en el día final. Jesús fue claro: “si ustedes no se arrepienten, perecerán igualmente”
En todos los hombres hay maldad y por pequeña o insignificante que sea les traerá juicio. El camino es la conversión, pero cómo hallarla cuando en la religión los hombres ocultan sus hechos de maldad.
Juan, hijo de Zacarías y de Isabel, el profeta más grande después de Jesús; ambos estuvieron en otro tiempo, pero hoy cobra significado en nuestros días.
En los tiempos de Juan y Jesús la religión estaba oficiada por los fariseos; ambos, Jesús y Juan, no transitaron ese camino.
Juan no hizo una vida de religión; se fue al desierto. Allí encontró la vida de conversión. Es la vida que Jesús proclamó y que hoy en día está dada a los hombres para salvación.
Jesús no quiere imponerte una vida en el desierto tal y cual la vivió Juan o la de Él que fue similar. A lo que se refiere es que las privaciones que halles en tu vida las enaltezcas pues es lo que te llevará por el camino de la salvación.
Es como sin el desierto de Juan o sin el sacrificio en la cruz de Jesús no se habría llegado a tener certeza de una vida distinta para todos nosotros ahora.
Todos carecemos de algo, sea el amor de nuestros padres; sea de comodidades; sea de un techo o de mil formas distintas carecemos de algo que se expresa el desierto en nuestras vidas.
Pero aquellas carencias y privaciones no las verás en la religión y si ves esta vida de privación en la religión es porque Jesús actúa incluso en los que menos esperas.
Sin embargo, hallarás que si alguno de la religión halló el camino de la conversión; buscará momentos de apartarse tal como Jesús lo hacía de sus discípulos.
Son momentos de oración en las que se da gracias. Se agradece al creador por los días de desierto que son como los de antes y que pueden ser aplacados como lo hacía Jesús o Juan. Se comprende de lo necesario que son y de tener esta cercanía en las privaciones necesarias para enderezar el camino. Es tener claro el sacrificio de Jesús en la cruz.
Y como Juan y Jesús vivieron cerca pero no se cruzaron, ambos nos formaron un camino ahora sin oponerse uno al otro.
Jesús llamó a doce discípulos y supo hacer una comunidad para que tuviéramos sus enseñanzas a través de las enseñanzas que entregaba a ellos.
Hoy ellos nos han entregado las enseñanzas de Jesús relatadas en los evangelios.
La convivencia pacífica de Jesús con ellos nos puso de manifiesto el camino enderezado que debemos seguir nosotros ahora como iglesia.
Sin embargo, hubo uno entre los doce que no logró la compenetración necesaria para continuar. Quizás sea bueno tener conocimiento de lo que sucedió con aquel que lo traicionó, Judas.
«El que comparte el pan conmigo, se ha vuelto contra mí”. Digo esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy… Simón Pedro hizo señas al discípulo que más amaba Jesús. Y él le preguntó a cuál de los doce se refería al decir que uno lo traicionaría… Jesús dijo “Aquel a quien yo le dé este pedazo de pan que voy a mojar en el plato”. Acto seguido, mojó el pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. —Lo que vas a hacer, hazlo pronto —le dijo Jesús. Como Judas era el encargado del dinero, pensaron que Jesús le estaba diciendo que comprara lo necesario para la fiesta o que diera algo a los pobres.»
Es mejor comprender en la verdadera dimensión o magnitud este relato bíblico. Comprender la traición a profundidad. Lo que significa para cada uno de nosotros pues se vive la traición en nuestros días. Jesús lo vivió en carne viva y es por lo que quizás podamos comprender la muerte que nos sobreviene como hombres.
Aunque en el principio, el primer hombre, Adán, de alguna forma traicionó la confianza de Dios. Esto debido que fue llevado junto con su esposa al paraíso y ellos no hicieron lo que se les pidió. Pero no se puede decir precisamente que hubo traición. Mas bien, la traición se da entre dos personas cercanas y viviendo en las mismas condiciones.
Adán tuvo cercanía con Dios Padre, pero tenían diferentes condiciones. El Padre elevado por sobre Adán. En cambio, Jesús se hizo como nosotros, se hizo hombre y habitó entre nosotros.
Dada esta condición, Jesús y Judas, maestro y discípulo; vivían exactamente en la misma condición. Caminaban, se alimentaban y dormían bajo las mismas condiciones juntos. Así como ellos dos, los otros discípulos también.
En este contexto, Jesús llegaba al final de su misión en la tierra. Luego de cumplir en todo con la voluntad del Padre. Se aproximaba el día que tenía que morir. Sería condenado y al tercer día resucitaría.
El hombre tiene plena voluntad. Así como uno elige un camino, otro puede elegir un camino distinto.
Judas eligió ser quien lo traicionaría. No estaba en su destino o de antemano escrito que debiera ser necesariamente él. Judas eligió aquel otro camino. Jesús también fue claro cuando dijo acerca de quien lo traicionaría “Mejor sería que nunca hubiera nacido”.
Entendamos ahora un poco la muerte pues dada las revelaciones de la biblia la resurrección trasciende la muerte. Y se podría llegar a pensar que la muerte no existe.
En nuestra vida habremos visto alguna vez cuando alguien acaba de morir y el dolor de su partida le embarga a un pariente. Entendemos que nada volverá a ser igual en aquella persona.
O también lo hemos vivido cuando se muere una mascota nuestra. Quizás ocurrió algún accidente, una enfermedad, algo fortuito que terminó con la vida de quien vivía junto y cerca cada uno de nuestros días. Entendemos que la vida no volverá a ser la misma. Tenemos que resignarnos a llevar adelante nuestras vidas ya sin su presencia.
Es así la muerte. La muerte existe y nos aparta físicamente de quienes queremos.
Dios ha revelado al hombre que esta separación física que supone la muerte no es eterna. La resurrección nos llena del espíritu de Dios, nuevamente alzamos la mirada y creemos.
Aquellos que ya no están con nosotros lo estarán en la vida eterna pues la promesa de la resurrección y de una nueva tierra y de un cielo nuevo nos alienta y conservamos la esperanza.
Ahora dado el hecho que Dios juzgará se tiene la impresión de que no lo debemos soportar. Como que sería mejor saltarnos este hecho. Las imposiciones de Dios y las circunstancias actuales hacen imposible de alcanzar algo al ser llevados a comparecer.
Y pensamos que el mensaje de Jesús, su pasión, muerte y resurrección no cobra ningún significado, sino solo a los que están en la religión.
Nos miramos unos a otros tratando de encontrar respuestas, pero las respuestas no vienen exactamente de vernos unos a otros, sino de ver el significado real de Jesús resucitado.
Y la verdad es que Jesús fue quien compareció por nosotros; se puso en el lugar de nosotros. No tenemos que comparecer nosotros pues Él fue de quien estaba escrito que se pondría en nuestro lugar.
Ya lo hizo Él, no tenemos que comparecer en aquel juicio, siempre que creas en el significado real del Hijo de Dios resucitado.
Pero Jesús murió y para entender la muerte del modo real Jesús relata este hecho en una parábola.
«Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ha sido hallado. Así que empezaron a hacer fiesta.»
Y quizás por versículos bíblicos como éste piensen que no existe la muerte. Aquel joven que retornó luego de despilfarrar la herencia de su padre y su padre lo recibe como si no lo hubiera hecho. Se alegra tanto que mata el ternero cebado y prepara el banquete.
La alegría por tenerlo de regreso fue suficiente para que reciba todo de nuevo, su lugar en la casa, el anillo de ser su hijo, la mejor ropa y quienes sirven al padre en favor de él.
El simbolismo se da en que al irse a otro país y despilfarrar la herencia. Las consecuencias de su pecado fue la muerte. Dios quita la opulencia a aquel país y empieza la necesidad. El hecho de vivir cuidando cerdos y que no le permitan alimentarse de la comida de los cerdos al tener hambre angustiante da significado al infierno.
El infierno, es realmente la muerte. Por lo que, su padre comprende que a su lado estará fuera de aquel infierno.
Eso es lo que desea que comprendas Jesús. Vivir en pecado conlleva el infierno y las privaciones, como las carencias son esa parte de infierno cada uno de tus días en la actualidad. Cumplir la voluntad de Dios es tener la suficiente capacidad de apartarte de aquel castigo.
Solo así se comprende por qué debes de cumplir la ley y sus mandamientos. Entender que dentro nuestro hay algo que se enraizó desde el principio. Aquel lugar al cual debemos de resistirnos; incluso no acercarnos.
Y cuando comprendiste en carne viva lo que sucede al ir a parar allí; comprenderás perfectamente el sacrificio de Jesús y su resurrección para traernos a la vida.
Es decir, el hombre se resiste de ir allí, pero aun así va a parar a aquel lugar. Por más que se permanezca vivo con los sentidos intactos, con una vida sólida, con posesiones y teniendo cerca a sus seres queridos. Aunque se actúe como si no hubiera pasado nada. Y que pese a todo el hombre se anime en sobrellevar, la muerte cobrará poder en él.
Solo el sacrificio de Jesús es capaz de que la muerte no obtenga el poder que se le dio sobre el ser humano.
En nuestros días se han dado pruebas de seres extraterrestres y que al ser consultados indican ser humanos como nosotros solo vienen de una realidad más evolucionada. Ellos afirman que la muerte no existe debido al hecho que su evolución les da más control sobre el tiempo. Pueden viajar grandes distancias encontrando realidades superiores a la nuestra.
Es como si el hombre hubiese obtenido del conocimiento revelado por Jesús y en toda la biblia, sabiduría. Como si científicos de nuestro tiempo al investigar encuentren que por sí mismos sean capaces de hallar la vida eterna que la biblia menciona.
Y aunque hayan evolucionado tanto la muerte física sigue siendo la barrera que no pueden evadir. Como si Dios en su infinita sabiduría colocó en la entrada del huerto del edén querubines con espadas de fuego que se arremolinan para impedir el ingreso y no hallen el fruto del árbol de la vida.
La perfección de Jesús le restó el poder a la muerte que tiene sobre nosotros. Y si aquellos extraterrestres son humanos como indican igualmente no pueden imponerse en forma alguna a reconocer el sacrificio, así como la resurrección del Hijo de Dios.
«No llores, pues el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido y puede abrir el libro y quitarle sus siete sellos.»
La traición de Judas tuvo tal impacto en Jesús que lo conminó a la muerte. El hombre sobre la tierra está sujeto a la muerte y Jesús no fue la excepción. Aunque Jesús no pecó en pensamiento, y acto alguno; hubo un dicho que pudo acercarlo al pecado.
Le dijo a judas: lo que vas a hacer, hazlo pronto.
Esto que le dijo se interpretó como que Judas estaba sindicado a realizar la traición para que se cumpliese el sacrificio de Jesús a manos de los judíos. Pero absolutamente no es así, en modo alguno va en ese sentido. Igualmente, que Barrabás estaba sindicado para obtener la libertad para que fuera Jesús quien muriera. Lo real es que pudieron ser ellos, así como cualquier otro hombre en cada caso.
El llamado de Dios te acerca a obtener una vida con Dios día con día, pero solo Dios reconoce el corazón sincero y solo quien persevere tendrá parte en su reino.
La vida no está encerrada en el hombre. La vida, aunque el hombre la obtiene no está sujetado solo a él. La vida es más grande y su connotación no puede ser encasillada a un cuerpo terrenal. Cuando una persona muere no la pierde solo él; con cada muerte se va algo de nosotros que vivía en él.
El hijo del hombre resucitó por la fe que hay en los hombres y que engloba a Dios pues Dios nos dio su espíritu. Nosotros creados a imagen y semejanza de Dios en sus tres naturalezas Padre, Hijo y Espíritu Santo ninguno se puede perder y la esencia del espíritu es la vida imperecedera.
«Pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás… El Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra.»
Con este fragmento de la biblia se percibe los días que Jesús estuvo en el corazón de la tierra. Pero Jesús no completó los tres días y las tres noches en la sepultura tras su crucifixión. En un primer instante Jesús tuvo la muerte como aquel joven que despilfarró la herencia de su padre. Se refiere a la muerte de perder el espíritu, el de la autoridad en la tierra.
Jesús se acercaba a Jerusalén donde iba a morir a manos de los judíos.
«Cuando llegaron cerca del Monte de los Olivos y empezaron a bajar a Jerusalén, todos los seguidores de Jesús se alegraron mucho. Todos gritaban y alababan a Dios por los milagros que Jesús había hecho, y que ellos habían visto. Decían: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, ¡y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían.»
Judas se había reunido con los sacerdotes del Sanedrín donde acordaron que les entregaría a Jesús por 30 monedas de plata. Todo a escondidas y de madrugada. Así que, Jesús, cuando mencionó que lo traicionaría en el lavamiento de pies de sus discípulos y en la cena posterior. Supo que su espíritu murió y ya sin él dijo: “lo que vas a hacer, hazlo pronto”.
Tal cual hubo muerto aquel joven cuando en ese país hubo una gran hambruna y para no morirse en cuerpo tuvo que cuidar y alimentar cerdos. Así muerto y sin espíritu hubo que recurrir a regresar donde su padre a pedirle perdón para que lo recibiera como un jornalero.
Y nunca pecó Jesús aún haber pedido a su traidor que concluyera su cometido.
Jesús dijo que uno de los doce lo traicionaría.
«El que ya se ha bañado no necesita lavarse más que los pies —le contestó Jesús—; pues ya todo su cuerpo está limpio. Y ustedes ya están limpios, aunque no todos. Jesús sabía quién lo iba a traicionar y por eso dijo que no todos estaban limpios.»
Y tras haberle lavado los pies, en la cena póstuma.
«El que comparte el pan conmigo, se ha vuelto contra mí”… Jesús se angustió profundamente y afirmó: “Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.»
Indicó también.
«El Hijo del Hombre se va, según está escrito de Él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido.»
La traición de Judas trajo la muerte del espíritu de Jesús. Ocurre en el instante que Judas conviene en entregarlo a los judíos a cambio de 30 monedas de plata.
Así se alcanzó el primer día y la primera noche. Llega la noche del primer día; tras ello, en la madrugada sería arrestado. Llegado el segundo día de haber perdido su espíritu de autoridad en la tierra sería crucificado y moría por la tarde. Sería sepultado al anochecer. Transcurría el segundo día y su noche. El siguiente día fue sábado transcurrió el tercer día y su noche. En la madrugada del tercer día resucitó.
Antes que saliera el sol maría magdalena y la otra María fueron al sepulcro y encontraron la piedra movida. Entraron y notaron que no estaba el cuerpo del Señor. Jesús les saldría al encuentro para que dieran la noticia de su resurrección.
La traición es el hecho que más impacto trae en un hombre. Jesús estuvo todos los días con sus discípulos e igualmente por las noches. Las enseñanzas se las dio de la misma forma a los doce.
Encontrar allí a uno que se perdió y que por él murió le significó perder el espíritu de autoridad que se le dio cuando ingresó a Jerusalén. Lo hizo como un profeta renuncia a toda autoridad en la tierra para obtenerla en el cielo. Pero no se completaba con aquella muerte puesto que sería crucificado. Antes de morir en la cruz Jesús entregó su espíritu en manos de Dios pues cumplía la voluntad del Padre. Seguido le regresaba esta autoridad dada en la tierra pues se allanó a morir en cuerpo. Y su cuerpo sería echado en la sepultura.
Se consumó todo lo revelado en las escrituras al pagar por el juicio y la muerte que nos correspondía a nosotros.
«Entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla y tengo también autoridad para volver a recibir.»
Judas se corrompió al administrar el dinero. Puso atención a lo que se conseguía al encargarse de comprar y dejó de colocar su atención en las enseñanzas de Jesús. Empezó a robar el dinero que tenía a su cargo y por eso pensó que habiendo pobres siempre habría recolección de dinero.
Y cuando se usó el frasco de perfume de nardo que María, hermana de Lázaro, echó sobre Jesús. No le importó que ese acto se recordaría hasta nuestros días. María le preparó a Jesús para el tiempo que permanecería en el sepulcro. Judas dejó de lado este hecho y mas bien echó maldición porque calculó que se echaba a perder el valor en dinero de un año de trabajo de un jornalero.
Y bien se dijo. No podéis seguir a Dios y a las riquezas pues amarás a uno y aborrecerás al otro.
Oremos. ¡Oh! Padre eterno, alabamos tu sabiduría y enaltecemos tu nombre porque siempre buscas nuestro bien. Queremos pedirte que no mires nuestros pecados pues es imposible ocultarlos ante ti. Tenemos la raíz de la maldad como un aguijón que nos asestó el enemigo, pero comprendemos que la fe puede librarnos del castigo. Te pedimos que cuando llegue el día final nos sustentes bajo el amparo de nuestro Señor Jesús. Se compasivo también con nuestros seres queridos. Estamos caminando en el mundo para que también te compadezcas de todos sin restricción. Todo te lo pedimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


