miércoles, 17 de junio de 2026

PORQUE NO HAY NADA OCULTO QUE NO LLEGUE A DESCUBRIRSE - MES DE JULIO DEL 2026 - LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

 

La vida trascurre entre lo oculto y lo que se descubre; es una forma natural de trascender. Pero qué sucede cuando solo se obra en lo oculto. En el relato hallará una gran forma de desarrollarse plenamente.
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PORQUE NADA HAY NADA OCULTO, QUE NO LLEGUE A DESCUBRIRSE

Hay ocasiones en la vida en que nos hallamos contentos y queremos que todos lo sepan, pero cuando lo hacemos descubrimos que no todos sienten aquello mismo que se esperaba. Por este hecho, es mejor no dar a conocer lo que logramos pues se diría que no aprendimos la lección de lo ocurrido antes.

Y es claro ver que algunas personas siempre dudan de la capacidad del otro o no esperan algo bueno. Hay un dicho: “si quieres conseguir algo, no le digas hasta que lo hayas conseguido. Los buenos anhelos despiertan envidias”. No sabemos si quienes se encuentran cerca de nosotros nos muestran su verdadero rostro; quizás tengan otras intenciones.

Y cuando alguien nos mostró contento algo para sentirse orgulloso; quizás hayamos tenido la misma reacción. 

Dios colocó en la naturaleza del hombre el hecho que haya cosas que se deban de ocultar. Dios tiene propósitos ocultos también. Por tanto, es claro que sintamos curiosidad. Es parte del hecho que conforma nuestra existencia; queremos saber también si alguien pueda estar ocultando algo.

El hombre hace uso de esta condición.

«Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido. Lo que digo en la oscuridad, díganlo ustedes a plena luz del día; lo que se susurra al oído, proclámenlo desde las azoteas.»

Eva se acercó a aquel árbol que estaba en medio del huerto y saliéndole al encuentro la serpiente la tentó y ella respondió: “no, podemos comer de todos los frutos; solo del fruto de aquel árbol no debemos; ni siquiera debemos de acercarnos”.

Dios les hizo que tuvieran miedo de comer de aquel fruto, pero ocultó el hecho de que abrirían los ojos y serían como Él porque reconocerían el bien y el mal.

Y quizás pensemos que debido a la maldad reinante en nuestros días nunca debamos mostrar lo que poseemos; a pesar de que haya sido fruto de mucho esfuerzo. De algún modo reconocemos que es necesaria la bendición de Dios para estas cosas.

No mostramos nuestras posesiones, no mostramos nuestros títulos y no mostramos nuestra identidad. Hemos abordado una identidad ajena a la humana, nuestros triunfos no revisten importancia y nuestras posesiones escondidas son motivo de tentación.

Ahora lo oculto se ha hecho una rutina por más que sepamos que no tenga la mínima connotación de perjuicio para nadie. Y cuando menos hemos reparado encontramos en lo oculto la oportunidad perfecta para obtener cosas delinquiendo.

En muchos pasajes de la biblia Jesús menciona algo que es de nuestro discernimiento, pero es oculto en palabras.  Es natural añadir lo que podría haber acontecido sin estar expresamente allí.

Y el padre salió de la fiesta que había hecho porque su hijo menor había regresado y el hermano mayor que no quería entrar le dijo los motivos: “Yo nunca malgasté tu fortuna, siempre estuve a tu lado y nunca me has dado ni siquiera un cabrito para celebrar con mis amigos. Pero viene aquel hijo tuyo que malgastó tu fortuna en rameras y matas el ternero gordo para hacer una fiesta en su honor”.

Aquel hijo mayor reveló cosas en las que su hermano menor derrochó la fortuna de su padre que no podía conocer. Pero sabe que sucedieron así. Igualmente, aquel hijo mayor que regresaba de las labores del campo le preguntó al sirviente de su padre de donde provenía la música y esa algarabía que escuchaba. Aquel sirviente respondió: “Tu hermano ha venido, y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano”.

Su padre había ocultado el hecho manifiesto que la alegría que le embargaba era porque su hijo regresó bueno y sano. Pero se expresa esto mismo dándolo por hecho. Ahora seguramente aquel padre esperaba a su hijo porque puede verlo a lo lejos. Igualmente, como con el hijo que no quiso entrar sale a su encuentro y es también así con el pastor que deja las 99 ovejas. Ahora las que no tienen pastor y en el caso del hijo, estando con el descarriado; los que se encuentran perdidos son quienes se quedaron seguros sin hacer algo malo.

Nuestra naturaleza humana nos impide ver el objetivo de ocultar algo, solo el espíritu puede revelárnoslo. El simple hecho de ocultar conlleva a una naturaleza oscura y si es de percatarnos; en el principio el bien y el mal coexistían en el hombre en el huerto del Edén. Ellos no discernían el bien del mal, no tenía mayor significado.

El bien y el mal no infundían nada en Adán y Eva, Dios tenía la potestad del bien y del mal. Está en Él hacer uso del bien y del mal por ser el Señor soberano de la creación. 

Eva estaba revestida de todo lo necesario para alejarse del medio del huerto donde se encontraba el fruto prohibido. Decidió acercarse. Dios nos revela estos hechos para hacer frente a la maldad que nos rodea.

Dios tuvo el objetivo de ocultar ciertas cosas a los hombres, pero en su sabiduría los hizo con la capacidad para notarlas y reconocerlas por el carácter de Padre para con nosotros, sus hijos.

Cuando Dios ordenó a Adán y Eva que poblasen la tierra, que sean fecundos y la labraran para que les dé sus frutos por su esfuerzo. Adán obtuvo discernimiento en que el hombre al unirse con su mujer dejaría a su madre y a su padre. Esto mismo, para formar un nuevo hogar y ser el señor del nuevo.

Aunque en la biblia está escrito, Dios no le mencionó este hecho a Adán; él pudo discernir el hecho de que al ser fecundos y llenar la tierra otros hogares se formarían. Siendo así marido y mujer serían señor del nuevo hogar y deberían de dejar el de sus padres.

En todos los hombres del antiguo testamento no les fue revelada la naturaleza de Dios como Padre. Fue un hecho oculto o no revelado a los hombres por muchas generaciones. Pero llegó Jesús y reveló este hecho. Dios como padre suyo y de todos los que en Él crean por el Hijo.

De Jesús nace la revelación que nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto. El Dios de Abrahám, el Dios de Jacob vive como nuestro Padre. Esa vida está dada a los hombres para que con Jesús sean parte del reino que se acerca.

En la naturaleza del Padre habita el bien y el mal, no debía estar en el hombre. Pero ahora que está la podemos reconocer como luz y oscuridad, lo conocido y lo oculto, la diestra y lo siniestro. Todos tenemos parte en todo esto y nadie está exento.

No podemos decir tú sí y yo no; tampoco podemos decir yo estoy con Dios y tú con su enemigo, el diablo. Tampoco podemos decir yo en el reino, tú en las tinieblas. Es potestad de Dios como en el principio y siempre en Él debemos colocar la esperanza de estar en su reino.

La fe está y debemos de defenderla; en que Jesús doblegó al enemigo y le devolvió la muerte como el pago por sus trasgresiones. El mundo sucumbirá y todos podemos tener parte en su reino como en el gobierno de la bestia o del anticristo que es el infierno.

Debemos rogar por quienes queremos y por quienes nos odian porque si los que nos odian también oran por nosotros Dios podrá reinar con toda autoridad. Ser eternos por el Padre que nos da a tener parte en su reino. Es la voluntad de Dios que ninguno se pierda mas todos se salven por Cristo Jesús que nos devolvió de la muerte en que nos encontrábamos.

Si Dios arreglaba el engaño que sufrió Eva y por Ella, Adán, los primeros hombres en la tierra, se hubiera desecho la naturaleza con que nos creó. La potestad de Dios está en que el espíritu del hombre reconozca la fe que hubo puesto en nosotros en el principio.

Dios no era percibido físicamente, aunque, siempre se manifestó y acompañó al hombre. Hubo fe en que siempre se manifestaría. Hoy Jesús, el Hijo de Dios, ha sido manifestado físicamente.

No podíamos ser medio espíritus de Dios y aun tengamos cortado ciertas atribuciones corpóreas por el pecado. El espíritu es diferente y es lo que nos hace similar en todo a Dios. No se puede medio desechar o medio cortar. Es un espíritu entero; bien puede ser echado en el infierno o llevado al reino de los cielos

El infierno es eterno, pero, así como el reino de los cielos está entre nosotros y no se puede decir “aquí está” o “allá está”, el infierno está igualmente. Es de mejor modo perceptible en la tierra que el reino de los cielos dado a los hombres.

Y los que hoy están allí, no estarán en el infierno eterno. Muchos de los que gozan no tener parte allí; allá lo obtendrán. Jesús también lo anuncia en los evangelios.  Es en el gobierno del hijo de la perdición, la bestia, el anticristo al que el diablo puesto en libertad le dará autoridad.

El hecho de descubrir lo oculto está en el deseo de reconocer a Dios dado el momento de su venida en el final de los tiempos.

«No le tengan miedo a nadie. Porque todo lo que esté escondido se descubrirá, y todo lo que se mantenga en secreto llegará a conocerse…Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Tampoco se enciende una lámpara y se pone debajo de un cajón, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa. De la misma manera, que la luz de ustedes alumbre delante de todos, para que todos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre, que está en los cielos.»

El diablo estuvo oculto en las tinieblas en el principio. Actuó en perjuicio de Dios, de la creación y del hombre. Sin embargo, antes, hoy y siempre estamos sostenidos por el espíritu que da cuentas de todo lo que el enemigo de Dios hubo hecho. 

«La tierra no tenía entonces ninguna forma; todo era un mar profundo cubierto de oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre el agua.»

El espíritu de Dios estuvo desde siempre; su espíritu se movía sobre el agua. Sabemos, que la creación en la que tenemos parte como hombres. Dios no había creado aún a los ángeles. Los ángeles son las estrellas como que las nombra las lumbreras del cielo, el sol, la luna y las estrellas. Por ende, Lucifer no tenía parte, tampoco presencia y menos voz. Permaneció oculto en la oscuridad para no ser visto. Rompió principios, leyes. Corrompió decretos; quiso torcer la voluntad de Dios y fue por su rebelión que lo oculto reina hoy.

Quiere llevar al hombre como en la actualidad a perderse.

Hoy vivimos en la tierra basada en la trasgresión de los primeros hombres y reina la oscuridad. Se vive en las tinieblas donde lo siniestro y lo oculto nos llena de temor. Ante ello, es imposible ver la voluntad de Dios; hemos caído en el desconcierto. La luz que esclarece todo y a todos deja de tener presencia.

«El sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas.»

La luz, su resplandor físico de hoy dejará de darnos el sentido que nos entregaba. Dios la sostiene por medio del mensaje del evangelio. Los hombres justos dejarán de tener parte pues son los días en que lo oculto reinará. Para que eso suceda Dios apartará para sí a aquellos hombres. Pero aquellos hombres rogaron por los que tendrían parte en aquellos días de dolor.

Hemos segado nuestro entendimiento, nos hemos cubierto de pánico; nos hemos entregado a nuestros sentimientos y a nuestro padecer como si fuera lo real. Cambiamos lo eterno por lo actual, cambiamos lo real por lo encubierto, cedimos al gobierno del enemigo de Dios y es cuando Dios actuará de forma física

«Vendrán días cuando ansiaréis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis.»

La palabra de Dios y su mensaje llegaba a través de la luz de aquellos hombres. Dios le dará autoridad al diablo para que engañe en aquellos días. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, será así.

El mensaje de Dios que veíais a diario no será entregado pues muy convenientemente el diablo las habrá apartado. Aquellas personas de maldad recibirán el mal precio que nos daban. Serán días de retribución para nosotros los que imploramos el regreso del hijo del hombre.

Pero tranquilos, todas estas cosas tienen que ocurrir para que se cumplan las escrituras. Ten en cuenta la voluntad de Dios y de sus santos.

«Cuando la mujer está para dar a luz, tiene aflicción, porque ha llegado su hora; pero cuando da a luz al niño, ya no se acuerda de la angustia, por la alegría de que un niño haya nacido en el mundo.»

Alégrate en esos días y levanta la cabeza porque la redención está cerca. Tus oraciones se están manifestando; la voluntad plena de Dios se revela no solo a los escogidos, sino a todos los hombres.

La angustia de todo lo vivido da fruto. Dios cumple su promesa de volver y dar en heredad la tierra.

Oremos. Señor Dios y Padre celestial ayúdanos a no perder la fe por la maldad abrumadora de nuestros días. Tú significas el final de nuestro dolor y de nuestro pesar. Nos alegramos por las enseñanzas de nuestro Señor Jesús. Te rogamos que no pongamos atención en el error o en la maldad, sino en tu bondad, en tu misericordia y en tu amor. Sobrecógenos como tu pueblo lleno de vicisitudes para obtener el llamado de servir en tu reino. Todas estas intenciones la dejamos en manos de nuestro Señor Jesús. Amén.

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