viernes, 20 de marzo de 2026

SEÑOR, ¿SOLO UNOS POCOS SE SALVARÁN?



RELATO DE AMOR DE ABRIL 2026

LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

Es el V año haciéndoles la entrega de un relato cada mes. Cada relato es como el alimento de vida que nos entrega Dios para no vernos perdidos.

En el relato encontrará una aparente verdad, pese a no tener buenos resultados, que la sosteníamos desde siempre. Y ha llegado el momento de la verdad que proviene de Jesús.

Encuentre una nueva forma de ver la vida cada uno de sus días y con las personas que se sienta comprendida.

#RelatosdeamordeDANA

Le hacemos entrega del relato completo.

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SEÑOR, ¿SOLO UNOS POCOS SE SALVARÁN?

Viendo los días de sufrimiento que venimos atravesando y ante tantas señales que los tiempos del fin son evidentes. Solemos preguntarnos si podremos salir bien. En muchas ocasiones que estando en peligro y bajo diferentes circunstancias nos sobrecoge el temor. Queremos tener la certeza que todo lo que nos indica la biblia se cumplirá.

Quizás las palabras que nos dijeron a través de la religión. “Si fuiste bueno irás al cielo y si fuiste malo, te irás al infierno” retumba en nuestra mente.

Quisiéramos haber hecho una vida mejor, quizás si hubiéramos creído desde antes de estos tiempos. Por qué nuestra vida no se asemeja a las privaciones en las que vivió Jesús. Por qué muchos santos se despojaron de sus bienes para asemejarse a Él.

Déjame decirte que mucho de lo que nos han impuesto sea por la religión o por nuestro sistema educativo o por nuestras propias interpretaciones se alejan de la realidad de la salvación.

Tratamos de cambiar y no podemos. Oramos y pareciera continuar todo igual. Pensamos que mejora nuestra conducta un tiempo solamente. Luego las preocupaciones y quienes están cerca nos llevan a desertar.

Si te has sentido así. Porque haciendo el esfuerzo continúa todo igual. Déjame decirte que quizás sea el momento de recobrar la naturaleza con que fuiste creado. La naturaleza dentro de ti que se ha perdido o tratas de ocultarlo.

La vida de nosotros ha sido marcada por nuestros gobiernos, por el sistema de educación impuesto, por la cultura de nuestros pueblos y por las palabras de nuestros papás. Solemos comprender que la conducta refleja nuestro nivel de educación y mucho de allí condiciona la salvación. Un drama que sigue aquejando a generación de generaciones.

Un sistema que busca colocarnos de mejor forma sin conseguirlo. Unas leyes que encuentran eco en nuestros corazones porque aparentemente son para avanzar y conseguir algo mejor.

Ahora con las guerras y con los rumores de guerra nos preguntamos.

«—Señor, ¿Solo unos pocos se salvarán?

—Esfuércense por entrar por la puerta angosta del reino de Dios, porque muchos tratarán de entrar pero fracasarán. Cuando el señor de la casa haya cerrado la puerta, será demasiado tarde. Ustedes quedarán afuera llamando y rogando: “Señor ábrenos la puerta”, pero él contestará: “no los conozco

Quizás sea por este pasaje bíblico del evangelio de San Lucas 13, 22 que empezamos a dudar. Pensamos que no hemos hecho lo suficiente para salvarnos. Que, a pesar de que llamamos a la puerta; ésta no se abre. Y llorando rogamos y no obtenemos entrar. Esa afirmación de “No los conozco”; solo consigue afligirnos más.

Pues bien, si hoy te sientes así. Alégrate, ya te has salvado. Si en ocasiones cuando vas a tu mesa no encuentras pan, considera en que Dios te conoce perfectamente y estás por el buen camino. Y no eres aquél que tras ver la puerta cerrada recién se arrepiente.

Mira este otro texto bíblico.

«Este pobre quería llenarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. Un día el pobre murió, y los ángeles lo llevaron a sentarse a comer al lado de Abraham. El rico también murió, y fue enterrado.»

Puedes ver claramente que el pan que en ocasiones falta en tu mesa es similar al del pobre que quiere llenarse de la mesa del rico. Es que en la actualidad y desde siempre los gobiernos, el sistema educativo que nos proponen e imponen, la cultura de nuestros pueblos indica que ese es el camino para tener siempre el pan sobre nuestra mesa.

Puedes ver ahora que ese no es el camino para ir a sentarse a la mesa de Abraham, ¿puedes notar la diferencia?

Nos inculcaron que el pan no debe faltar en nuestra mesa, que debemos tener no solo el pan en abundancia; debemos tener casa, vehículo, lujos... Los gobiernos indican que con la educación que nos proponen, es lo mejor y nos colocan este anhelo. Quizás es por este motivo que sentimos que no somos bendecidos.

En el texto de arriba ¿Quién es realmente bendecido? ¿El pobre, o el rico?

Veamos que si no cambiamos la forma de vernos y de arrepentirnos no encontraremos la verdad. Dios desea encontrar en cada hombre y lo busca personalmente. Seamos sinceros: a todos se nos impuso ser como el rico. Buscamos tener siempre el pan sobre nuestra mesa y olvidamos que esa no es nuestra esencia.

No es mejor tener poco, pero que otros puedan estar en nuestra mesa.

¿No es mejor que escasee algo? Para cuando lo busquemos nos topemos que algunos simplemente no tienen nada.

¿No es mejor que compartamos el pan?

Quizás es la esencia que siempre estuvo con nosotros enterrada bajo gruesas capas de educación de calidad, de mensajes de abundancia, de sostenimiento asegurado para nosotros y nuestras generaciones venideras.

Quizás hemos venido sosteniendo lo insostenible.

Aquél que implora cuando la puerta está cerrada en el primer texto y que tras la pregunta: “¿Solo unos pocos se salvarán? Jesús, el Señor, le responde: “Esfuércense por entrar por la puerta angosta del reino de Dios”. Aquí la clave es que Jesús no le responde por la salvación, sino por el reino de Dios. Si bien la pregunta fue por la salvación, la respuesta de Jesús no va en ese sentido.

La puerta angosta del reino de Dios es la del pobre esperando de las migajas que caen de la mesa del rico. El reino de Dios es para el pobre que lleno de llagas simplemente no consigue lo suficiente por sí mismo para obtener algo que comer.

No quiero imponerte un pensamiento, no quiero imponerte nada. Evalúa y discierne por ti mismo lo que Jesús está diciéndonos.

«Les aseguro que si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos. El más importante en el reino de los cielos es el que se humilla y se vuelve como este niño.»

Aquel niño que indica Jesús ahora es más parecido al pobre. No al rico con la comida servida en la mesa, ¿pueden notarlo? Jesús vino como humano y como tal fue niño. Cada uno de nosotros nacemos y pasamos a ser de niños, unos adultos. Jesús también, también le impusieron el sistema de creencias de los gobiernos, del sistema educativo y de buscar el bienestar tal y como nosotros ahora.

Jesús supo discernir que aquel pobre es el más grande en el reino de los cielos pues que niño no se acerca a donde está la mesa servida para recibir algo de la comida de allí.

No tengamos vergüenza en aceptar que hemos seguido un camino diferente al de Jesús. El de buscar tener siempre la mesa con el alimento, de que nunca nos falte un techo, que la educación sea la que nos coloque el bienestar por encima de todo.

Pero ahora viviendo los tiempos en que se ve guerras y rumores de guerra.

 «¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!»

Aquél que tras la puerta cerrada implora, es aquel rico que a pesar de tener al pobre mendigo cerca de su mesa nunca volteó a verlo. Nunca pudo cambiar su forma de pensar, de ser y de actuar.

Jesús no respondió a la pregunta de quien se la hizo porque sabe que todos se salvarán. Por eso no dijo “Solo unos pocos se salvarán”. Jesús quiso que fuéramos ser capaces de discernir su voluntad en todo.

La voluntad de Dios está en todo. Hasta quiere que nosotros, que nos comportamos como el rico, nos salvemos. Jesús al morir no hizo distinción por los que son como los niños o los pobres, tampoco por los que son como los ricos. Él murió para salvarnos a todos y por ende todos nos salvaremos —excepto el anticristo, y su falso profeta del fin de los tiempos—.

Entonces aquí viene con lo que se inició este relato. Nos dijeron “Si fuiste bueno irás al cielo y si fuiste malo, te irás al infierno”. Y claramente aquel rico que murió no fue a sentarse a donde estaba Abraham. Pero sí, aquel pobre y mendigo a la entrada de su castillo y al pie de su mesa. Sino que fue a parar al lugar del tormento, el infierno.

Eso es exactamente lo que te está dejando sin vivir plenamente hoy. Aquel rico con el banquete sobre la mesa cada día es el reino de este mundo. El anticristo que ha de ser echado al lago de fuego que es la condenación eterna en el infierno y ese infierno es el que te quita la paz hoy. Es el pensamiento de este mundo lo que contamina y sale de nuestro propio corazón.

Pues bien, si todos se salvan —con la excepción mencionada arriba— por qué aquél no se salvó. Jesús está dando a entender por aquel rico al anticristo. Al hijo de condenación, la bestia del apocalipsis y por quien muchos serán engañados.

El diablo es muy astuto, viene con promesas de banquetes, ropa y vestido de lino, un aposento enorme y de muchos sirvientes. Un linaje que de él pasará de generación en generación.

¿Eres capaz de ver al mendigo al pie de tu mesa? ¿No es mucho pedir darle las migajas?

O quizás notaste esto otro en estos momentos.

¿Te ves buscando todo lo que hay en la mesa del rico?

¿Pensabas que allí estaba la salvación?

¿Ahora ves que es la única forma de perder la salvación?

Y si somos como aquel pobre ¿Cómo es que podríamos perder la salvación? Jesús es la salvación de nosotros los hombres; lo consiguió con su muerte y su sangre que derramó en la cruz. No dudes que si te conviertes y vuelves la mirada a la esencia con que fuimos creados toda la esencia del cielo se volcará en ti no importa todo lo contrario que hayas hecho para perderla.

Cree y humíllate como un niño, te encontrarás con Dios cara a cara y podrás entender por qué Jesús nos pide que entremos por la puerta angosta.

«Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta es un ladrón y un bandido. Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas. El portero le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre, y las ovejas reconocen su voz; las saca del redil, y cuando ya han salido todas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. En cambio, a un desconocido no lo siguen, sino que huyen de él, porque desconocen su voz.»

Jesús es la puerta y las ovejas nosotros. Quien no llega en nombre de Jesús, es un ladrón y un bandido. Al salir del redil es cuando dejamos de seguir a los gobiernos, al sistema educativo que nos imponen para librarnos de la pobreza, para ostentar la abundancia y el linaje para heredar a nuestros hijos.

Si bien estuvimos en este otro camino. Y que por este otro camino nos perdimos pero fuimos encontrados.

Cuando Jesús contestó por el reino de Dios cuando le preguntaron por la salvación fue porque la salvación ya la recibiste. Jesús compró tu salvación con su sangre en la cruz. Aunque cuando contestó aún no había pagado el precio de nuestra salvación, finalmente su muerte en la cruz se cumplió y hoy es vida entre nosotros.

Lo que quiso Jesús responder es por el reino de Dios. Y es cuando oyes su voz y le sigues. Se sale del redil, no se va por la voz del desconocido. Y cuando ya han salido todas las ovejas y en pobreza y humillación de niño, es de sumo necesario así, para caminar con Él adelante. Cada instante como el alimento verdadero y no, no lo que está en la mesa del rico.

 

Nunca más el anhelo de tener a sirvientes y habitar aquel portentoso castillo del rico. Es ponernos enteramente a disposición de Jesús y tener su favor pues es la diestra de Dios.

El reino de Dios es de mucho valor; más que la salvación pues es estar al lado y junto a Dios. No tener más el temor recorriendo por nuestras venas, sino la confianza de conducirnos conforme a su voluntad.

«La venida del reino de Dios no es algo que todo el mundo pueda ver. No se va a decir: “Aquí está”, o “Allí está”; porque el reino de Dios ya está entre ustedes.»

Si sientes que no mereces la salvación estás por el buen camino porque en realidad nadie lo merece y nadie lo consigue. Nos es otorgado por gracia. No podemos retirárnosla, ni nadie puede hacerlo a no ser que luche con Jesús pues es quien compró nuestra salvación al derramar su sangre en la cruz.

Pero lo que te pide Dios al responder por el reino de Dios es que busques incansablemente entrar por la puerta angosta. Aquello sí es un compromiso contigo mismo y con Dios. Y es por lo cual debes de luchar y perseverar.

«Lo que hay aquí es mayor que Jonás. También la reina del Sur se levantará en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es mayor que Salomón.»

He aquí, hay algo que puedes hacer y que al salvarnos Jesús nos pide. A Jonás se le pidió que fuera a la gran ciudad de Nínive para darle el mensaje que la destruiría en tres días y que fueran a arrepentirse. El rey Salomón construyó el templo de Jerusalén; su sabiduría nunca fue alcanzada por ningún otro hombre y él se la había pedido a Dios y le fue concedido.

El reino de Dios es para los elegidos. Cuando Dios llama a un hombre no significa que no sea pecador. Al contrario, lo llama porque es necesario por sus pecados cometidos. Tampoco es porque tenga obras a su favor. Todo es por gracia, un regalo hecho por Dios. Se desconoce por qué llamó a Jonás y éste huyó. Y Salomón fue nombrado rey por su padre, el rey David, por ser descendiente de él. Y aún David pecó y Jonás no aceptó su llamado. Ambos tuvieron a bien restituirse aceptando la voluntad de Dios, con Dios llevándolos por el buen camino. Juntos y por el llamado y que es la esencia con que fuimos creados.

Es así como se llega al reino de Dios, al conducirnos por la voluntad y es el llamado que hace Jesús realmente a la pregunta: Señor ¿solo unos pocos se salvarán?

Oremos. Señor y Dios Padre no sabemos por qué siempre has obrado en favor de mí y de mis hermanos. Creo que es el regalo más grandioso que nos haces. Nos tenemos juntos entre hermanos y contigo. Acepta nuestra conducta como para que sintamos la necesidad de tu presencia. Nos alegra mucho el llamado que nos hiciste. Aunque nuestras fuerzas flaqueen nunca nos dejarás. Confiamos en tu promesa de estar con nosotros todos los días de nuestra vida. Te alabamos y bendecimos siempre porque contigo no nos sentimos defraudados. Todo aquí te pedimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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