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jueves, 20 de agosto de 2026

CUANDO UN MAESTRO DE LA LEY SE INSTRUYE ACERCA DEL REINO DE LOS CIELOS

 

LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

MES DE SETIEMBRE DEL 2026

Cada vez que sentimos ir por un camino que no conduce a nada; volvamos nuestra mirada al Señor y se recobrará la ruta. Pero qué sucede cuando esto ocurre yendo por el camino que nos colocan el estar dentro de la iglesia.

Los relatos de amor que nos cambian busca constituirse de una mirada introspectiva nuestras vidas. A abrir el corazón completamente a Dios y a sus enseñanzas.

#RelatosdeamordeDANA

Hacemos entrega del relato completo.
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CUANDO UN MAESTRO DE LA LEY SE INSTRUYE ACERCA DEL REINO DE LOS CIELOS

Recuerdan aquel señor rico; aquél que Jesús mencionó que se vestía de púrpura. Hacía banquetes, siempre tenía invitados y no faltaba comida y bebida en su mesa. Al pie de la entrada a su palacio estaba un mendigo, Lázaro. Este otro ansiaba comer algo de las migajas de la mesa del rico. Tenía tantas llagas que los perros lo lamían cuando a su puerta pedía limosna.

Pues bien, aquel señor vestido de púrpura es el que gobierna hoy en este mundo; no lo vemos pero está allí detrás de la puerta que no nos dejan pasar. Cada vez que entra en su palacio se deleita viendo al pie de su puerta al mendigo. No le da cabida en su casa, no le dirige la palabra, no le deja decir que ansía algo de su mesa pues no piensa desperdiciar algo del banquete en una persona así.

Siempre pensamos que el lugar de privilegio es el lugar por encima de personas que en esencia son como nosotros. Tener privilegios como la comida, la bebida, la educación, el lugar en el palacio, estar en el banquete como uno de los invitados.

Que no nos falte el alimento, ni la compañía y que nos reverencien por el lugar que pudimos haber alcanzado. Algo que nos haga mirar por sobre el hombro a los que anhelan el lugar de privilegio nuestro. Porque la reverencia de nuestros similares nos hace ser como Dios.

Y reemplazado Dios en nuestro día a día; cuando se le hubo desalojado por completo, llega el juicio. Cuando menos lo esperábamos. Cuando aquel señor había dicho que pensaba recibirnos. Y es cuando fuimos hallados.

Dios acortó los días de Lázaro para que no fuera a ser que se le cumpliese el deseo de alcanzar algo de la mesa del rico. Alcanzar algo de la mesa repleta de manjares. «Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie; pero lo acortará por amor a los que ha escogido.»

«Un día el pobre murió, y los ángeles lo llevaron a sentarse a comer al lado de Abraham. El rico también murió, y fue enterrado.»

Al morir Lázaro recibió la salvación. Nunca tuvo comunión con Dios, no fue al templo a orar, no leyó las escrituras sagradas, ¿cómo? Si solo ponerse de pie ya le era imposible y tener calma para leer le era inalcanzable. 

¿Cómo fue a parar al lado de Abraham? Acaso no es el lugar donde se recibe consuelo. Nunca la obtuvo al pie de la entrada de aquel palacio del rico. Lázaro fue al lugar más cercano a lo que se llama el reino de los cielos. Era el paraíso, lo más cercano al lugar donde habita el Padre.

En cambio, aquel rico fue a parar al infierno. No podía refrescar su boca porque no se le permitía. Le era imposible por sí mismo. Sabía exactamente la vida que tuvo en la tierra y eso le impedía el acceso a estar al lado de Abraham.

El rico desarrolló la cultura del infierno, desalojó por completo la esencia de Dios para sí. Se llenó de deleites y pasar cerca de Lázaro le llenaba el ego por completo. Nunca quiso recibirlo y si le mencionó algo así fue solo para tenerlo siempre; enorgullecerse de no ser como él.

No queremos imaginarnos si Lázaro hubiese sido llamado a pasar a la casa del rico. Quizás hoy ninguno se salvaría para ir al lado de Abraham.

«Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie; pero lo acortará por amor a los que ha escogido. Si entonces alguien les dice a ustedes: “Miren, aquí está el Mesías”, o “Miren, allí está”, no les crean. Porque vendrán falsos mesías y falsos profetas; y harán grandes señales y milagros, para engañar, a ser posible, hasta a los que Dios mismo ha escogido.»

El reino de los cielos es tener el amor de Dios. Te llamó y acudiste o no tenías algo para llamar la atención del rico; así que sin remedio en la tierra hallas remedio en el cielo. Tan simple como eso. Esperabas todo del rico y como nunca te dio nada; Dios te lo entregará en el cielo.

Te apartó de aquellos deleites y por amor te deleitas de Dios en el cielo. Te apartó del castigo eterno.

Pero la religión nos llama a la comunión en el templo, a leer las sagradas escrituras para hallar sabiduría. A que tengamos el pan y el vino.

«Sucede también con el reino de los cielos como con la red que se echa al mar y recoge toda clase de pescado. Cuando la red se llena, los pescadores la sacan a la playa, donde se sientan a escoger el pescado; guardan el bueno en canastas y tiran el malo… Lo nuevo y lo viejo. Jesús preguntó: 

—¿Entienden ustedes todo esto?

—Sí —contestaron ellos.

Entonces Jesús les dijo:

—Cuando un maestro de la ley se instruye acerca del reino de los cielos, se parece al dueño de una casa, que de lo que tiene guardado sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas.»

Dios nos está instruyendo a abandonar lo viejo. Ya no debemos catalogar a los sacerdotes como alguien arriba de nosotros. «Ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa.»

Cuando nos queda claro que el celebrante de la misa está siendo como nuestro maestro y Señor al igual que lo hacía Jesús es para que lo hagamos nosotros. No hay mayor restricción e impedimento siempre que tengamos claro no ponernos arriba de a quienes hayamos acudido.

No es sencillo, pero nada lo es. Y aquel celebrante instruido en el reino de los cielos echa las cosas viejas para dar paso a lo nuevo y así será en el final de los tiempos. Los ángeles se quedarán con lo bueno y nuevo que vino de parte de Jesús y apartarán lo malo o lo antiguo. Jesús nos aparta de lo que nos conduce a los deleites de este mundo; allí solo hay injusticia y desigualdad.

No nos elevemos a nosotros mismos para que no caigamos en el lugar de tormento. En cambio, allanémonos a nuestros semejantes. Solo así podemos tener parte en el reino de los cielos que es donde habita el Padre.

«¡Ay de los pastores de Israel, que se cuidan a sí mismos! Lo que deben cuidar los pastores es el rebaño. Ustedes se beben la leche, se hacen vestidos con la lana y matan las ovejas más gordas, pero no cuidan el rebaño. Ustedes no ayudan a las ovejas débiles, ni curan a las enfermas, ni vendan a las que tienen alguna pata rota, ni hacen volver a las que se extravían, ni buscan a las que se pierden, sino que las tratan con dureza y crueldad. Mis ovejas se quedaron sin pastor y se dispersaron, y las fieras salvajes se las comieron. Se dispersaron por todos los montes y cerros altos, se extraviaron por toda la tierra, y no hubo nadie que se preocupara por ellas y fuera a buscarlas. “Así que, pastores, escuchen bien mis palabras. Yo, el Señor, lo juro por mi vida: Fieras salvajes de todas clases han robado y devorado a mis ovejas, porque no tienen pastor. Mis pastores no van a buscar a las ovejas. Los pastores cuidan de sí mismos, pero no de mi rebaño. Por eso, pastores, escuchen las palabras que yo, el Señor, les dirijo: Pastores, yo me declaro su enemigo y les voy a reclamar mi rebaño; les voy a quitar el encargo de cuidarlo, para que no se sigan cuidando ustedes mismos; rescataré a mis ovejas, para que ustedes no se las sigan comiendo”.»

Nosotros que esperábamos sentirnos consolados al lado de quienes nos dieron como guías y pastores. Los que creímos que tener aquel lugar o vocación de privilegio en la iglesia era lo que se debía anhelar, pero hoy nos sentimos defraudados.

Nos enseñan acerca de la ceremonia, acerca de las escrituras bíblicas, acerca de cumplir los mandamientos, pero quitaron de todo aquello a Jesús, la justicia y el reino de los cielos. Quitaron a Abraham y a los profetas. Quisieron sentirse apacentados ellos y por eso descuidaron a las ovejas del rebaño y se dispersaron. Dios les reclama hoy porque hicieron del lugar de privilegio en la iglesia para sí y quitaron lo que nos pidió Jesús.

Dios los ha declarado su enemigo y reclama a su pueblo escogido porque hoy su pueblo se ha dispersado. Han llevado a su pueblo a caer en las garras de todo tipo de fieras y el pecado ha hecho morada en donde debía morar Jesús. Quisieron lavarse las manos pero solo consiguieron alcanzar la reprobación de Dios.

Si igual estaban de perdidos fuera, tanto como adentro; para que les fue conferido el papel de guías y de pastores en la iglesia. Acérquense a Dios, ¡instrúyanse del reino de los cielos! Llénense de lo nuevo, no desalojen las palabras de Jesús para colocarse ustedes en su lugar ¡Habiten al amparo de Dios en todos sus caminos!

«Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.

Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis. Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga. De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte. ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.»

Jesús en esta extensa conversación con los judíos, doctores y maestros de la ley les indica lo equivocados que están para intentar matarlo. Si buscaran la verdad reconocerían al hijo de Dios conversando con ellos.

Pero no lo oyen; buscan llevarlo por el camino del linaje de sangre que proviene de Abraham que en esencia debiera ser el camino de Dios y de Jesús. Pero no lo toman así. Jesús mismo condujo a Abraham y son incapaces de reconocer eso. Así que el padre de ellos no es Abraham, tampoco Dios, su padre es el diablo.

Dios se revela a un hombre, no para elevarlo por sobre los demás. Se revela porque siendo como el resto permanezca así. Cualquier hombre que busca la verdad termina con la verdad que lo halla; porque Jesús es la verdad.

No se puede tener la verdad sin reconocer a Jesús como el hijo de Dios.

Oremos. Dios y Padre celestial, tu hijo nos condujo a ti y su esencia contigo es la misma, la verdad. Tenemos fe en que antes que Abraham fue Jesús y Jesús contigo uno es. Danos tu espíritu para entender todas estas cosas porque sin duda uno es hallado por el Espíritu Santo. Te pedimos por quienes están cerca de nosotros y si están alejados tráelos de regreso. Todo esto te pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesús. Amén.

miércoles, 22 de julio de 2026

LE DIJO A JUDAS “LO QUE VAS A HACER, HAZLO PRONTO” - RELATO DEL MES DE AGOSTO DEL 2026 - LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

RELATO DEL MES DE AGOSTO DEL 2026
LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

En el relato encontrarás que la traición que se ve a menudo tiene más repercusión de lo que se piensa. En sí, el pecado lleva hundirnos hasta morir; pero el impacto de una traición es directa e inmisericorde.
Cada mes se publica un relato. Es el quinto año en que se hace la entrega de forma ininterrumpida.
Te animamos a apoyarnos en la difusión. Así como a ti te resulta beneficioso; entrégaselo a muchas personas cercanas a ti.
#RelatosdeamordeDANA
Hacemos entrega del relato completo.
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LE DIJO A JUDAS "LO QUE VAS A HACER, HAZLO PRONTO" 

Siendo humanos y haciendo recuento de nuestros hechos vividos nos percatamos de situaciones que no quisiéramos recordar; quizás porque muchos recuerdos nos hacen avergonzar. Y mientras más hayamos vivido tendremos certeza que son más reconocibles y tendremos mayor detalle.

Los años en que a uno le llega la certeza que dichos actos pudieron ser mejor llevados o que debieron resolverse de forma distinta es variable. A unos les llega antes y a otros después. Pero tenemos certeza que actos como aquellos se pueden volver a dar si no llegamos a enderezar el camino.

Un joven Juan proclamó estas palabras: “Preparen en el desierto, un camino para el Señor; enderecen en el desierto un sendero para Dios”. Hay hombres que pueden entender más fácilmente lo torcido del camino que llevan. Por el contrario; algunos llegan difícilmente a entender que sus actos son de crueldad, de soberbia o de inmadurez.

Entendemos, que todos llegarán a comprenderlo porque el evangelio llegará a todos y cuando llegue por segunda vez Jesucristo toda rodilla se doblará y todos lo proclamarán como su Señor.

Siendo así, un acto por simple o pequeño de maldad le será reclamado en el día final. Jesús fue claro: “si ustedes no se arrepienten, perecerán igualmente”

En todos los hombres hay maldad y por pequeña o insignificante que sea les traerá juicio. El camino es la conversión, pero cómo hallarla cuando en la religión los hombres ocultan sus hechos de maldad. 

Juan, hijo de Zacarías y de Isabel, el profeta más grande después de Jesús; ambos estuvieron en otro tiempo, pero hoy cobra significado en nuestros días.

En los tiempos de Juan y Jesús la religión estaba oficiada por los fariseos; ambos, Jesús y Juan, no transitaron ese camino.

Juan no hizo una vida de religión; se fue al desierto. Allí encontró la vida de conversión. Es la vida que Jesús proclamó y que hoy en día está dada a los hombres para salvación.

Jesús no quiere imponerte una vida en el desierto tal y cual la vivió Juan o la de Él que fue similar. A lo que se refiere es que las privaciones que halles en tu vida las enaltezcas pues es lo que te llevará por el camino de la salvación.

Es como sin el desierto de Juan o sin el sacrificio en la cruz de Jesús no se habría llegado a tener certeza de una vida distinta para todos nosotros ahora.

Todos carecemos de algo, sea el amor de nuestros padres; sea de comodidades; sea de un techo o de mil formas distintas carecemos de algo que se expresa el desierto en nuestras vidas.

Pero aquellas carencias y privaciones no las verás en la religión y si ves esta vida de privación en la religión es porque Jesús actúa incluso en los que menos esperas.

Sin embargo, hallarás que si alguno de la religión halló el camino de la conversión; buscará momentos de apartarse tal como Jesús lo hacía de sus discípulos.

Son momentos de oración en las que se da gracias. Se agradece al creador por los días de desierto que son como los de antes y que pueden ser aplacados como lo hacía Jesús o Juan. Se comprende de lo necesario que son y de tener esta cercanía en las privaciones necesarias para enderezar el camino. Es tener claro el sacrificio de Jesús en la cruz.

Y como Juan y Jesús vivieron cerca pero no se cruzaron, ambos nos formaron un camino ahora sin oponerse uno al otro. 

Jesús llamó a doce discípulos y supo hacer una comunidad para que tuviéramos sus enseñanzas a través de las enseñanzas que entregaba a ellos.

Hoy ellos nos han entregado las enseñanzas de Jesús relatadas en los evangelios.

La convivencia pacífica de Jesús con ellos nos puso de manifiesto el camino enderezado que debemos seguir nosotros ahora como iglesia.

Sin embargo, hubo uno entre los doce que no logró la compenetración necesaria para continuar. Quizás sea bueno tener conocimiento de lo que sucedió con aquel que lo traicionó, Judas.

«El que comparte el pan conmigo, se ha vuelto contra mí”. Digo esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy… Simón Pedro hizo señas al discípulo que más amaba Jesús. Y él le preguntó a cuál de los doce se refería al decir que uno lo traicionaría… Jesús dijo “Aquel a quien yo le dé este pedazo de pan que voy a mojar en el plato”. Acto seguido, mojó el pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. —Lo que vas a hacer, hazlo pronto —le dijo Jesús. Como Judas era el encargado del dinero, pensaron que Jesús le estaba diciendo que comprara lo necesario para la fiesta o que diera algo a los pobres.»

Es mejor comprender en la verdadera dimensión o magnitud este relato bíblico. Comprender la traición a profundidad. Lo que significa para cada uno de nosotros pues se vive la traición en nuestros días. Jesús lo vivió en carne viva y es por lo que quizás podamos comprender la muerte que nos sobreviene como hombres.

Aunque en el principio, el primer hombre, Adán, de alguna forma traicionó la confianza de Dios. Esto debido que fue llevado junto con su esposa al paraíso y ellos no hicieron lo que se les pidió. Pero no se puede decir precisamente que hubo traición. Mas bien, la traición se da entre dos personas cercanas y viviendo en las mismas condiciones.

Adán tuvo cercanía con Dios Padre, pero tenían diferentes condiciones. El Padre elevado por sobre Adán. En cambio, Jesús se hizo como nosotros, se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Dada esta condición, Jesús y Judas, maestro y discípulo; vivían exactamente en la misma condición. Caminaban, se alimentaban y dormían bajo las mismas condiciones juntos. Así como ellos dos, los otros discípulos también.

En este contexto, Jesús llegaba al final de su misión en la tierra. Luego de cumplir en todo con la voluntad del Padre. Se aproximaba el día que tenía que morir. Sería condenado y al tercer día resucitaría.

El hombre tiene plena voluntad. Así como uno elige un camino, otro puede elegir un camino distinto.

Judas eligió ser quien lo traicionaría. No estaba en su destino o de antemano escrito que debiera ser necesariamente él. Judas eligió aquel otro camino. Jesús también fue claro cuando dijo acerca de quien lo traicionaría “Mejor sería que nunca hubiera nacido”. 

Entendamos ahora un poco la muerte pues dada las revelaciones de la biblia la resurrección trasciende la muerte. Y se podría llegar a pensar que la muerte no existe.

En nuestra vida habremos visto alguna vez cuando alguien acaba de morir y el dolor de su partida le embarga a un pariente. Entendemos que nada volverá a ser igual en aquella persona.

O también lo hemos vivido cuando se muere una mascota nuestra. Quizás ocurrió algún accidente, una enfermedad, algo fortuito que terminó con la vida de quien vivía junto y cerca cada uno de nuestros días. Entendemos que la vida no volverá a ser la misma. Tenemos que resignarnos a llevar adelante nuestras vidas ya sin su presencia.

Es así la muerte. La muerte existe y nos aparta físicamente de quienes queremos. 

Dios ha revelado al hombre que esta separación física que supone la muerte no es eterna. La resurrección nos llena del espíritu de Dios, nuevamente alzamos la mirada y creemos.

Aquellos que ya no están con nosotros lo estarán en la vida eterna pues la promesa de la resurrección y de una nueva tierra y de un cielo nuevo nos alienta y conservamos la esperanza.

Ahora dado el hecho que Dios juzgará se tiene la impresión de que no lo debemos soportar. Como que sería mejor saltarnos este hecho. Las imposiciones de Dios y las circunstancias actuales hacen imposible de alcanzar algo al ser llevados a comparecer.

Y pensamos que el mensaje de Jesús, su pasión, muerte y resurrección no cobra ningún significado, sino solo a los que están en la religión.

Nos miramos unos a otros tratando de encontrar respuestas, pero las respuestas no vienen exactamente de vernos unos a otros, sino de ver el significado real de Jesús resucitado.

Y la verdad es que Jesús fue quien compareció por nosotros; se puso en el lugar de nosotros. No tenemos que comparecer nosotros pues Él fue de quien estaba escrito que se pondría en nuestro lugar.

Ya lo hizo Él, no tenemos que comparecer en aquel juicio, siempre que creas en el significado real del Hijo de Dios resucitado.

Pero Jesús murió y para entender la muerte del modo real Jesús relata este hecho en una parábola. 

«Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ha sido hallado. Así que empezaron a hacer fiesta.»

Y quizás por versículos bíblicos como éste piensen que no existe la muerte. Aquel joven que retornó luego de despilfarrar la herencia de su padre y su padre lo recibe como si no lo hubiera hecho. Se alegra tanto que mata el ternero cebado y prepara el banquete.

La alegría por tenerlo de regreso fue suficiente para que reciba todo de nuevo, su lugar en la casa, el anillo de ser su hijo, la mejor ropa y quienes sirven al padre en favor de él.

El simbolismo se da en que al irse a otro país y despilfarrar la herencia. Las consecuencias de su pecado fue la muerte. Dios quita la opulencia a aquel país y empieza la necesidad. El hecho de vivir cuidando cerdos y que no le permitan alimentarse de la comida de los cerdos al tener hambre angustiante da significado al infierno.

El infierno, es realmente la muerte. Por lo que, su padre comprende que a su lado estará fuera de aquel infierno.

Eso es lo que desea que comprendas Jesús. Vivir en pecado conlleva el infierno y las privaciones, como las carencias son esa parte de infierno cada uno de tus días en la actualidad. Cumplir la voluntad de Dios es tener la suficiente capacidad de apartarte de aquel castigo.

Solo así se comprende por qué debes de cumplir la ley y sus mandamientos. Entender que dentro nuestro hay algo que se enraizó desde el principio. Aquel lugar al cual debemos de resistirnos; incluso no acercarnos. 

Y cuando comprendiste en carne viva lo que sucede al ir a parar allí; comprenderás perfectamente el sacrificio de Jesús y su resurrección para traernos a la vida.

Es decir, el hombre se resiste de ir allí, pero aun así va a parar a aquel lugar. Por más que se permanezca vivo con los sentidos intactos, con una vida sólida, con posesiones y teniendo cerca a sus seres queridos. Aunque se actúe como si no hubiera pasado nada. Y que pese a todo el hombre se anime en sobrellevar, la muerte cobrará poder en él.

Solo el sacrificio de Jesús es capaz de que la muerte no obtenga el poder que se le dio sobre el ser humano.

En nuestros días se han dado pruebas de seres extraterrestres y que al ser consultados indican ser humanos como nosotros solo vienen de una realidad más evolucionada. Ellos afirman que la muerte no existe debido al hecho que su evolución les da más control sobre el tiempo. Pueden viajar grandes distancias encontrando realidades superiores a la nuestra.

Es como si el hombre hubiese obtenido del conocimiento revelado por Jesús y en toda la biblia, sabiduría. Como si científicos de nuestro tiempo al investigar encuentren que por sí mismos sean capaces de hallar la vida eterna que la biblia menciona.

Y aunque hayan evolucionado tanto la muerte física sigue siendo la barrera que no pueden evadir. Como si Dios en su infinita sabiduría colocó en la entrada del huerto del edén querubines con espadas de fuego que se arremolinan para impedir el ingreso y no hallen el fruto del árbol de la vida.

La perfección de Jesús le restó el poder a la muerte que tiene sobre nosotros. Y si aquellos extraterrestres son humanos como indican igualmente no pueden imponerse en forma alguna a reconocer el sacrificio, así como la resurrección del Hijo de Dios.

«No llores, pues el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido y puede abrir el libro y quitarle sus siete sellos.»

La traición de Judas tuvo tal impacto en Jesús que lo conminó a la muerte. El hombre sobre la tierra está sujeto a la muerte y Jesús no fue la excepción. Aunque Jesús no pecó en pensamiento, y acto alguno; hubo un dicho que pudo acercarlo al pecado.

Le dijo a judas: lo que vas a hacer, hazlo pronto.

Esto que le dijo se interpretó como que Judas estaba sindicado a realizar la traición para que se cumpliese el sacrificio de Jesús a manos de los judíos. Pero absolutamente no es así, en modo alguno va en ese sentido. Igualmente, que Barrabás estaba sindicado para obtener la libertad para que fuera Jesús quien muriera. Lo real es que pudieron ser ellos, así como cualquier otro hombre en cada caso. 

El llamado de Dios te acerca a obtener una vida con Dios día con día, pero solo Dios reconoce el corazón sincero y solo quien persevere tendrá parte en su reino.

La vida no está encerrada en el hombre. La vida, aunque el hombre la obtiene no está sujetado solo a él. La vida es más grande y su connotación no puede ser encasillada a un cuerpo terrenal. Cuando una persona muere no la pierde solo él; con cada muerte se va algo de nosotros que vivía en él. 

El hijo del hombre resucitó por la fe que hay en los hombres y que engloba a Dios pues Dios nos dio su espíritu. Nosotros creados a imagen y semejanza de Dios en sus tres naturalezas Padre, Hijo y Espíritu Santo ninguno se puede perder y la esencia del espíritu es la vida imperecedera.

«Pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás… El Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra.»

Con este fragmento de la biblia se percibe los días que Jesús estuvo en el corazón de la tierra. Pero Jesús no completó los tres días y las tres noches en la sepultura tras su crucifixión. En un primer instante Jesús tuvo la muerte como aquel joven que despilfarró la herencia de su padre. Se refiere a la muerte de perder el espíritu, el de la autoridad en la tierra.

Jesús se acercaba a Jerusalén donde iba a morir a manos de los judíos.

«Cuando llegaron cerca del Monte de los Olivos y empezaron a bajar a Jerusalén, todos los seguidores de Jesús se alegraron mucho. Todos gritaban y alababan a Dios por los milagros que Jesús había hecho, y que ellos habían visto. Decían: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, ¡y gloria en las alturas! Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían.»

Judas se había reunido con los sacerdotes del Sanedrín donde acordaron que les entregaría a Jesús por 30 monedas de plata. Todo a escondidas y de madrugada. Así que, Jesús, cuando mencionó que lo traicionaría en el lavamiento de pies de sus discípulos y en la cena posterior. Supo que su espíritu murió y ya sin él dijo: “lo que vas a hacer, hazlo pronto”.

Tal cual hubo muerto aquel joven cuando en ese país hubo una gran hambruna y para no morirse en cuerpo tuvo que cuidar y alimentar cerdos. Así muerto y sin espíritu hubo que recurrir a regresar donde su padre a pedirle perdón para que lo recibiera como un jornalero.

Y nunca pecó Jesús aún haber pedido a su traidor que concluyera su cometido. 

Jesús dijo que uno de los doce lo traicionaría.

«El que ya se ha bañado no necesita lavarse más que los pies —le contestó Jesús—; pues ya todo su cuerpo está limpio. Y ustedes ya están limpios, aunque no todos. Jesús sabía quién lo iba a traicionar y por eso dijo que no todos estaban limpios.»

Y tras haberle lavado los pies, en la cena póstuma. 

«El que comparte el pan conmigo, se ha vuelto contra mí”… Jesús se angustió profundamente y afirmó: “Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.» 

Indicó también.

«El Hijo del Hombre se va, según está escrito de Él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido.»

La traición de Judas trajo la muerte del espíritu de Jesús. Ocurre en el instante que Judas conviene en entregarlo a los judíos a cambio de 30 monedas de plata.

Así se alcanzó el primer día y la primera noche. Llega la noche del primer día; tras ello, en la madrugada sería arrestado. Llegado el segundo día de haber perdido su espíritu de autoridad en la tierra sería crucificado y moría por la tarde. Sería sepultado al anochecer. Transcurría el segundo día y su noche. El siguiente día fue sábado transcurrió el tercer día y su noche. En la madrugada del tercer día resucitó. 

Antes que saliera el sol maría magdalena y la otra María fueron al sepulcro y encontraron la piedra movida. Entraron y notaron que no estaba el cuerpo del Señor. Jesús les saldría al encuentro para que dieran la noticia de su resurrección.

La traición es el hecho que más impacto trae en un hombre. Jesús estuvo todos los días con sus discípulos e igualmente por las noches. Las enseñanzas se las dio de la misma forma a los doce.

Encontrar allí a uno que se perdió y que por él murió le significó perder el espíritu de autoridad que se le dio cuando ingresó a Jerusalén. Lo hizo como un profeta renuncia a toda autoridad en la tierra para obtenerla en el cielo. Pero no se completaba con aquella muerte puesto que sería crucificado. Antes de morir en la cruz Jesús entregó su espíritu en manos de Dios pues cumplía la voluntad del Padre. Seguido le regresaba esta autoridad dada en la tierra pues se allanó a morir en cuerpo. Y su cuerpo sería echado en la sepultura.

Se consumó todo lo revelado en las escrituras al pagar por el juicio y la muerte que nos correspondía a nosotros.

«Entrego mi vida para volver a recibirla. Nadie me la arrebata, sino que yo la entrego por mi propia voluntad. Tengo autoridad para entregarla y tengo también autoridad para volver a recibir.»

Judas se corrompió al administrar el dinero. Puso atención a lo que se conseguía al encargarse de comprar y dejó de colocar su atención en las enseñanzas de Jesús. Empezó a robar el dinero que tenía a su cargo y por eso pensó que habiendo pobres siempre habría recolección de dinero.

Y cuando se usó el frasco de perfume de nardo que María, hermana de Lázaro, echó sobre Jesús. No le importó que ese acto se recordaría hasta nuestros días. María le preparó a Jesús para el tiempo que permanecería en el sepulcro. Judas dejó de lado este hecho y mas bien echó maldición porque calculó que se echaba a perder el valor en dinero de un año de trabajo de un jornalero.

Y bien se dijo. No podéis seguir a Dios y a las riquezas pues amarás a uno y aborrecerás al otro.

Oremos. ¡Oh! Padre eterno, alabamos tu sabiduría y enaltecemos tu nombre porque siempre buscas nuestro bien. Queremos pedirte que no mires nuestros pecados pues es imposible ocultarlos ante ti. Tenemos la raíz de la maldad como un aguijón que nos asestó el enemigo, pero comprendemos que la fe puede librarnos del castigo. Te pedimos que cuando llegue el día final nos sustentes bajo el amparo de nuestro Señor Jesús. Se compasivo también con nuestros seres queridos. Estamos caminando en el mundo para que también te compadezcas de todos sin restricción. Todo te lo pedimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 26 de mayo de 2026

SI POR SEGUIRME DEJAN ESTAS COSAS, RECIBIRÁN CIEN VECES MÁS

RELATO DE AMOR DE JUNIO DEL 2026

LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

SI POR SEGUIRME DEJAN ESTAS COSAS, RECIBIRÁN CIEN VECES MÁS

En el relate deja ver que Dios nos responde con recompensas materiales. Una promesa que se ve cumplida en la biblia en varios hombres. Sin embargo, esas vidas las hallaron al anteponer a Dios por sobre todo y todos.

#RelatosdeamordeDANA

Ahora el relato completo...

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SI POR SEGUIRME DEJAN ESTAS COSAS, RECIBIRÁN CIEN VECES MÁS

Muchas veces la vida pierde sentido porque vemos la maldad reinante. No hay coherencia en los hombres, a cada paso que se da, se retrocede después. Estamos inmersos todos. Cuando andamos rápido; se nos cae todo. También, al andar despacio parece que estamos estancados.

Quizás hemos podido notar que nunca estamos conformes. No tenemos algo bueno para decir de nosotros y tampoco de los demás. Nadie dice algo bueno incluso. Hemos perdido nuestra identidad. Hemos perdido fuerzas; ya nadie quiere hacer algo por alguien.

Caminamos una milla y no hay nadie para decirnos camina dos. No hay alguien con nosotros cerca que nos pida el saco para que nosotros permitamos que se lleve la camisa también.

Nos hemos visto apartados y pensamos que hemos perdido el camino. A nuestros parientes casi no los vemos. Trabajamos, nos estresamos, nos cansamos, descansamos, nos espabilamos y nos entretenemos. Nuestra rutina se ha vuelto tan monótona porque pensamos que muchos están ciegos y nosotros hemos abierto los ojos.

En ocasiones sentimos no necesitar de nadie. Entonces, cuando menos pensamos es que nos percatamos de la muerte. Algún día llegará y somos conscientes.  Hemos hecho un camino, pero no sabemos quiénes lo recorrerán. Y si los que lo recorrerán nos identificarán.

Nos llega a la mente el relato bíblico de Salomón.

«¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo, con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta… ¿Hay algo de que se puede decir “He aquí esto es nuevo”? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.»

Las canciones existieron antes, también las hay hoy y mañana las habrá igualmente. Transcurrimos en el ciclo de la vida, pero ésta llegará a apagarse. ¿Habrá algo que pueda hacernos levantar la cabeza en estos días?

Tenemos certeza de la muerte pero no de la vida. Tenemos a Dios pero tenemos caídas. Tenemos a nuestros parientes pero algunos ya no están cerca.

«Y todos los que, por seguirme, hayan dejado a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos o a sus hermanas, a su padre o a su madre, su casa o un terreno, recibirán cien veces más de lo que dejaron, y tendrán además vida eterna.»

Sabemos de la vida eterna y no podemos centrar nuestra existencia para el momento en que se dará. Nos metimos en un problema que nos sabemos cómo salir. Tenemos a Dios y nos ahogamos en aquel vaso de agua. Muchos caen en que ese momento sea ya. Nunca pudimos reparar en que ese momento es ahora, no es después.

Cuando sales de aquel problema viene otro. Luego de aquél, otro más; y así ¿infinitamente? Si ese es tu infinito estás yendo por el camino equivocado.

¿Solo hay la certeza de aquel infinito? Lo real es lo eterno. 

La vida con Jesús es el momento imperecedero, es lo que no tiene fin.

Jesús quiso que tuvieras la certeza o la fe que esos difíciles momentos siempre se sobrepasarán. Cuando llegue el momento de la muerte simplemente no morirás porque esa fe tuya es la realidad imperecedera.

Nadie puede quitarte esa fe o esa certeza; porque Dios la puso en ti y en todos los hombres. El diablo engaña en lo más profundo de esas situaciones y vaivenes para que te niegues o para que te desvivas en no tenerlos.

La certeza de sobrepasar la emoción de envilecernos por aquellos momentos es el reino que habita en ti.

«De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.»

Conócete enteramente y no solo una parte. Somos enteramente de Dios porque todo lo que nos es cortado de nuestro cuerpo es para que no arrastre al cuerpo entero al infierno.

Quizás, no lo entendemos hoy. Quizás no lo comprendamos en esta vida. Pero la certeza de la vida con Jesús es claramente la verdad que devendrá.

«El reino de Dios no va a venir en forma visible. La gente no dirá: “Está aquí” o “Está allí”. En realidad, Dios ya reina entre ustedes.»

«Cuando venga ese día, ustedes ya no me preguntarán nada. Les aseguro que, por ser mis discípulos, mi Padre les dará todo lo que pidan.»

Ten certeza incluso en los momentos más difíciles. Alégrate de tener aquellos momentos.

«¡Alégrense y estén contentos, porque en el cielo tienen una gran recompensa! ¡Así también fueron perseguidos los profetas que vivieron antes que ustedes!»

¿Podemos conseguir la paz en la tormenta? Recuerden, Jesús puso fin a la tormenta que arreciaba al ir en la barca junto a sus discípulos.

¿No o sí? Si es sí, eso debe echar raíz en tu corazón. Deja que crezca y riégalo a diario. Va a dar frutos.

«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.»

Es correcto que hay algo más grande en Jesús. La ley prohíbe; es implacable y discierne al ser en partes. Ahora el Espíritu de Jesús os unifica y a ustedes con sus hermanos. Jesús es más que la ley. Se inmoló para que el peso de la ley recayera en Él y no en nosotros. Un Jesús vencido en la cruz se hizo pecado para morir por nosotros. Por lo mismo el Padre lo enalteció por sobre todo nombre.

Esa gloria está abierta hoy para ti, lo está siempre. No dudes, nunca dudes. Los momentos de ahora pasarán pero Jesús nunca y el mandamiento de amarnos unos a otros como Él nos amó prevalece.

Los que tenemos a Dios estamos en sus manos y el Padre es más grande que el Hijo. Jesús nos trajo a las manos del Padre y no hay nadie que pueda arrebatarnos de las manos de Dios todopoderoso.

Así como Jesús está en el Padre y el Padre está en Jesús; la certeza de estar en nuestros hermanos es la misma certeza de la unidad de Dios con el Hijo y con el Espíritu.

Ve a los que están en tu camino como quienes son el prójimo que hicieron algo como lo hace Jesús con compasión. Ten compasión como Jesús la tuvo contigo.

No te enaltezcas a ti. Acepta a Jesús como el dueño de la adoración y de la gloria. Jesús puede hacer blancas nuestras vestiduras. Revistámonos de su gracia y su virtud.

La vida es más que el alimento y el cuerpo más que la ropa. No te preocupes de qué te vestirás o qué comerás. Todo eso será añadido cuando veas que quien hace crecer los árboles y la vegetación es Dios. Todo el campo es lleno de frutos por la voluntad de Dios.

Jesús es el verdadero alimento. Jesús es el agua que nos hace nunca más tener sed.

Respira el espíritu divino de Dios.

El reino o los gobiernos hechos por los hombres en la actualidad no se imponen por sobre el reino de Dios. La iglesia prevalece y los gobiernos de los hombres no prevalecerán aquel día.

Si Job pudo resistir los perjuicios del diablo sobre Él. Si los profetas sufrieron persecución. Si los discípulos murieron defendiendo el testimonio de la resurrección. Todos cayeron a lo más hondo.

Por resistir, Job obtuvo más hijos, obtuvo más ganado, obtuvo más casas y más siervos para atender sus posesiones.

Los profetas con su muerte dejaron un mensaje de salvación. Y los discípulos con su muerte edificaron la iglesia de hoy.

Tenemos un objetivo como hombres, hechos hijos del Padre por Jesús, porque el Santo Espíritu de Dios nos llena ahora.

No tenemos nada en la tierra que lo que en el cielo nos espera.

Todo aquello perdido es lo que Dios nos devuelve en el reino de los cielos. Estaremos con Jesús cuando, a la diestra del Padre, nos muestre el trono de la santidad del Padre.

Tenemos certezas más que dudas, tenemos el alimento y no más hambre.

Jesús revirtió el poder del demonio en este mundo para que se nos santificase como Él fue santificado.

Oremos. Jesús, Señor y Dios nuestro por qué nos entristecimos cuando te fuiste de nuestro lado cuando venciste el infierno en la tumba. Fue porque al marcharte el Espíritu de Dios nos sería enviado, ¿cierto? Queremos tenerte de regreso, no te tardes que nuestro corazón implora. Nos desesperamos sin ti. Te tenemos siempre a través del Espíritu Santo, pero queremos verte; es nuestro clamor. Deseamos la respuesta a nuestra fe. Queremos que las personas lleguen a ser más como Tú. Nosotros nos sentimos como ellos porque la felicidad no es la misma sin todos como Tú con Dios, unidos. Sabemos que lo conseguirás por Dios Padre que es todopoderoso. Todo te lo pedimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


viernes, 20 de marzo de 2026

SEÑOR, ¿SOLO UNOS POCOS SE SALVARÁN?



RELATO DE AMOR DE ABRIL 2026

LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

Es el V año haciéndoles la entrega de un relato cada mes. Cada relato es como el alimento de vida que nos entrega Dios para no vernos perdidos.

En el relato encontrará una aparente verdad, pese a no tener buenos resultados, que la sosteníamos desde siempre. Y ha llegado el momento de la verdad que proviene de Jesús.

Encuentre una nueva forma de ver la vida cada uno de sus días y con las personas que se sienta comprendida.

#RelatosdeamordeDANA

Le hacemos entrega del relato completo.

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SEÑOR, ¿SOLO UNOS POCOS SE SALVARÁN?

Viendo los días de sufrimiento que venimos atravesando y ante tantas señales que los tiempos del fin son evidentes. Solemos preguntarnos si podremos salir bien. En muchas ocasiones que estando en peligro y bajo diferentes circunstancias nos sobrecoge el temor. Queremos tener la certeza que todo lo que nos indica la biblia se cumplirá.

Quizás las palabras que nos dijeron a través de la religión. “Si fuiste bueno irás al cielo y si fuiste malo, te irás al infierno” retumba en nuestra mente.

Quisiéramos haber hecho una vida mejor, quizás si hubiéramos creído desde antes de estos tiempos. Por qué nuestra vida no se asemeja a las privaciones en las que vivió Jesús. Por qué muchos santos se despojaron de sus bienes para asemejarse a Él.

Déjame decirte que mucho de lo que nos han impuesto sea por la religión o por nuestro sistema educativo o por nuestras propias interpretaciones se alejan de la realidad de la salvación.

Tratamos de cambiar y no podemos. Oramos y pareciera continuar todo igual. Pensamos que mejora nuestra conducta un tiempo solamente. Luego las preocupaciones y quienes están cerca nos llevan a desertar.

Si te has sentido así. Porque haciendo el esfuerzo continúa todo igual. Déjame decirte que quizás sea el momento de recobrar la naturaleza con que fuiste creado. La naturaleza dentro de ti que se ha perdido o tratas de ocultarlo.

La vida de nosotros ha sido marcada por nuestros gobiernos, por el sistema de educación impuesto, por la cultura de nuestros pueblos y por las palabras de nuestros papás. Solemos comprender que la conducta refleja nuestro nivel de educación y mucho de allí condiciona la salvación. Un drama que sigue aquejando a generación de generaciones.

Un sistema que busca colocarnos de mejor forma sin conseguirlo. Unas leyes que encuentran eco en nuestros corazones porque aparentemente son para avanzar y conseguir algo mejor.

Ahora con las guerras y con los rumores de guerra nos preguntamos.

«—Señor, ¿Solo unos pocos se salvarán?

—Esfuércense por entrar por la puerta angosta del reino de Dios, porque muchos tratarán de entrar pero fracasarán. Cuando el señor de la casa haya cerrado la puerta, será demasiado tarde. Ustedes quedarán afuera llamando y rogando: “Señor ábrenos la puerta”, pero él contestará: “no los conozco

Quizás sea por este pasaje bíblico del evangelio de San Lucas 13, 22 que empezamos a dudar. Pensamos que no hemos hecho lo suficiente para salvarnos. Que, a pesar de que llamamos a la puerta; ésta no se abre. Y llorando rogamos y no obtenemos entrar. Esa afirmación de “No los conozco”; solo consigue afligirnos más.

Pues bien, si hoy te sientes así. Alégrate, ya te has salvado. Si en ocasiones cuando vas a tu mesa no encuentras pan, considera en que Dios te conoce perfectamente y estás por el buen camino. Y no eres aquél que tras ver la puerta cerrada recién se arrepiente.

Mira este otro texto bíblico.

«Este pobre quería llenarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas. Un día el pobre murió, y los ángeles lo llevaron a sentarse a comer al lado de Abraham. El rico también murió, y fue enterrado.»

Puedes ver claramente que el pan que en ocasiones falta en tu mesa es similar al del pobre que quiere llenarse de la mesa del rico. Es que en la actualidad y desde siempre los gobiernos, el sistema educativo que nos proponen e imponen, la cultura de nuestros pueblos indica que ese es el camino para tener siempre el pan sobre nuestra mesa.

Puedes ver ahora que ese no es el camino para ir a sentarse a la mesa de Abraham, ¿puedes notar la diferencia?

Nos inculcaron que el pan no debe faltar en nuestra mesa, que debemos tener no solo el pan en abundancia; debemos tener casa, vehículo, lujos... Los gobiernos indican que con la educación que nos proponen, es lo mejor y nos colocan este anhelo. Quizás es por este motivo que sentimos que no somos bendecidos.

En el texto de arriba ¿Quién es realmente bendecido? ¿El pobre, o el rico?

Veamos que si no cambiamos la forma de vernos y de arrepentirnos no encontraremos la verdad. Dios desea encontrar en cada hombre y lo busca personalmente. Seamos sinceros: a todos se nos impuso ser como el rico. Buscamos tener siempre el pan sobre nuestra mesa y olvidamos que esa no es nuestra esencia.

No es mejor tener poco, pero que otros puedan estar en nuestra mesa.

¿No es mejor que escasee algo? Para cuando lo busquemos nos topemos que algunos simplemente no tienen nada.

¿No es mejor que compartamos el pan?

Quizás es la esencia que siempre estuvo con nosotros enterrada bajo gruesas capas de educación de calidad, de mensajes de abundancia, de sostenimiento asegurado para nosotros y nuestras generaciones venideras.

Quizás hemos venido sosteniendo lo insostenible.

Aquél que implora cuando la puerta está cerrada en el primer texto y que tras la pregunta: “¿Solo unos pocos se salvarán? Jesús, el Señor, le responde: “Esfuércense por entrar por la puerta angosta del reino de Dios”. Aquí la clave es que Jesús no le responde por la salvación, sino por el reino de Dios. Si bien la pregunta fue por la salvación, la respuesta de Jesús no va en ese sentido.

La puerta angosta del reino de Dios es la del pobre esperando de las migajas que caen de la mesa del rico. El reino de Dios es para el pobre que lleno de llagas simplemente no consigue lo suficiente por sí mismo para obtener algo que comer.

No quiero imponerte un pensamiento, no quiero imponerte nada. Evalúa y discierne por ti mismo lo que Jesús está diciéndonos.

«Les aseguro que si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos. El más importante en el reino de los cielos es el que se humilla y se vuelve como este niño.»

Aquel niño que indica Jesús ahora es más parecido al pobre. No al rico con la comida servida en la mesa, ¿pueden notarlo? Jesús vino como humano y como tal fue niño. Cada uno de nosotros nacemos y pasamos a ser de niños, unos adultos. Jesús también, también le impusieron el sistema de creencias de los gobiernos, del sistema educativo y de buscar el bienestar tal y como nosotros ahora.

Jesús supo discernir que aquel pobre es el más grande en el reino de los cielos pues que niño no se acerca a donde está la mesa servida para recibir algo de la comida de allí.

No tengamos vergüenza en aceptar que hemos seguido un camino diferente al de Jesús. El de buscar tener siempre la mesa con el alimento, de que nunca nos falte un techo, que la educación sea la que nos coloque el bienestar por encima de todo.

Pero ahora viviendo los tiempos en que se ve guerras y rumores de guerra.

 «¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!»

Aquél que tras la puerta cerrada implora, es aquel rico que a pesar de tener al pobre mendigo cerca de su mesa nunca volteó a verlo. Nunca pudo cambiar su forma de pensar, de ser y de actuar.

Jesús no respondió a la pregunta de quien se la hizo porque sabe que todos se salvarán. Por eso no dijo “Solo unos pocos se salvarán”. Jesús quiso que fuéramos ser capaces de discernir su voluntad en todo.

La voluntad de Dios está en todo. Hasta quiere que nosotros, que nos comportamos como el rico, nos salvemos. Jesús al morir no hizo distinción por los que son como los niños o los pobres, tampoco por los que son como los ricos. Él murió para salvarnos a todos y por ende todos nos salvaremos —excepto el anticristo, y su falso profeta del fin de los tiempos—.

Entonces aquí viene con lo que se inició este relato. Nos dijeron “Si fuiste bueno irás al cielo y si fuiste malo, te irás al infierno”. Y claramente aquel rico que murió no fue a sentarse a donde estaba Abraham. Pero sí, aquel pobre y mendigo a la entrada de su castillo y al pie de su mesa. Sino que fue a parar al lugar del tormento, el infierno.

Eso es exactamente lo que te está dejando sin vivir plenamente hoy. Aquel rico con el banquete sobre la mesa cada día es el reino de este mundo. El anticristo que ha de ser echado al lago de fuego que es la condenación eterna en el infierno y ese infierno es el que te quita la paz hoy. Es el pensamiento de este mundo lo que contamina y sale de nuestro propio corazón.

Pues bien, si todos se salvan —con la excepción mencionada arriba— por qué aquél no se salvó. Jesús está dando a entender por aquel rico al anticristo. Al hijo de condenación, la bestia del apocalipsis y por quien muchos serán engañados.

El diablo es muy astuto, viene con promesas de banquetes, ropa y vestido de lino, un aposento enorme y de muchos sirvientes. Un linaje que de él pasará de generación en generación.

¿Eres capaz de ver al mendigo al pie de tu mesa? ¿No es mucho pedir darle las migajas?

O quizás notaste esto otro en estos momentos.

¿Te ves buscando todo lo que hay en la mesa del rico?

¿Pensabas que allí estaba la salvación?

¿Ahora ves que es la única forma de perder la salvación?

Y si somos como aquel pobre ¿Cómo es que podríamos perder la salvación? Jesús es la salvación de nosotros los hombres; lo consiguió con su muerte y su sangre que derramó en la cruz. No dudes que si te conviertes y vuelves la mirada a la esencia con que fuimos creados toda la esencia del cielo se volcará en ti no importa todo lo contrario que hayas hecho para perderla.

Cree y humíllate como un niño, te encontrarás con Dios cara a cara y podrás entender por qué Jesús nos pide que entremos por la puerta angosta.

«Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta es un ladrón y un bandido. Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida las ovejas. El portero le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre, y las ovejas reconocen su voz; las saca del redil, y cuando ya han salido todas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. En cambio, a un desconocido no lo siguen, sino que huyen de él, porque desconocen su voz.»

Jesús es la puerta y las ovejas nosotros. Quien no llega en nombre de Jesús, es un ladrón y un bandido. Al salir del redil es cuando dejamos de seguir a los gobiernos, al sistema educativo que nos imponen para librarnos de la pobreza, para ostentar la abundancia y el linaje para heredar a nuestros hijos.

Si bien estuvimos en este otro camino. Y que por este otro camino nos perdimos pero fuimos encontrados.

Cuando Jesús contestó por el reino de Dios cuando le preguntaron por la salvación fue porque la salvación ya la recibiste. Jesús compró tu salvación con su sangre en la cruz. Aunque cuando contestó aún no había pagado el precio de nuestra salvación, finalmente su muerte en la cruz se cumplió y hoy es vida entre nosotros.

Lo que quiso Jesús responder es por el reino de Dios. Y es cuando oyes su voz y le sigues. Se sale del redil, no se va por la voz del desconocido. Y cuando ya han salido todas las ovejas y en pobreza y humillación de niño, es de sumo necesario así, para caminar con Él adelante. Cada instante como el alimento verdadero y no, no lo que está en la mesa del rico.

 

Nunca más el anhelo de tener a sirvientes y habitar aquel portentoso castillo del rico. Es ponernos enteramente a disposición de Jesús y tener su favor pues es la diestra de Dios.

El reino de Dios es de mucho valor; más que la salvación pues es estar al lado y junto a Dios. No tener más el temor recorriendo por nuestras venas, sino la confianza de conducirnos conforme a su voluntad.

«La venida del reino de Dios no es algo que todo el mundo pueda ver. No se va a decir: “Aquí está”, o “Allí está”; porque el reino de Dios ya está entre ustedes.»

Si sientes que no mereces la salvación estás por el buen camino porque en realidad nadie lo merece y nadie lo consigue. Nos es otorgado por gracia. No podemos retirárnosla, ni nadie puede hacerlo a no ser que luche con Jesús pues es quien compró nuestra salvación al derramar su sangre en la cruz.

Pero lo que te pide Dios al responder por el reino de Dios es que busques incansablemente entrar por la puerta angosta. Aquello sí es un compromiso contigo mismo y con Dios. Y es por lo cual debes de luchar y perseverar.

«Lo que hay aquí es mayor que Jonás. También la reina del Sur se levantará en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es mayor que Salomón.»

He aquí, hay algo que puedes hacer y que al salvarnos Jesús nos pide. A Jonás se le pidió que fuera a la gran ciudad de Nínive para darle el mensaje que la destruiría en tres días y que fueran a arrepentirse. El rey Salomón construyó el templo de Jerusalén; su sabiduría nunca fue alcanzada por ningún otro hombre y él se la había pedido a Dios y le fue concedido.

El reino de Dios es para los elegidos. Cuando Dios llama a un hombre no significa que no sea pecador. Al contrario, lo llama porque es necesario por sus pecados cometidos. Tampoco es porque tenga obras a su favor. Todo es por gracia, un regalo hecho por Dios. Se desconoce por qué llamó a Jonás y éste huyó. Y Salomón fue nombrado rey por su padre, el rey David, por ser descendiente de él. Y aún David pecó y Jonás no aceptó su llamado. Ambos tuvieron a bien restituirse aceptando la voluntad de Dios, con Dios llevándolos por el buen camino. Juntos y por el llamado y que es la esencia con que fuimos creados.

Es así como se llega al reino de Dios, al conducirnos por la voluntad y es el llamado que hace Jesús realmente a la pregunta: Señor ¿solo unos pocos se salvarán?

Oremos. Señor y Dios Padre no sabemos por qué siempre has obrado en favor de mí y de mis hermanos. Creo que es el regalo más grandioso que nos haces. Nos tenemos juntos entre hermanos y contigo. Acepta nuestra conducta como para que sintamos la necesidad de tu presencia. Nos alegra mucho el llamado que nos hiciste. Aunque nuestras fuerzas flaqueen nunca nos dejarás. Confiamos en tu promesa de estar con nosotros todos los días de nuestra vida. Te alabamos y bendecimos siempre porque contigo no nos sentimos defraudados. Todo aquí te pedimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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