jueves, 20 de agosto de 2026

CUANDO UN MAESTRO DE LA LEY SE INSTRUYE ACERCA DEL REINO DE LOS CIELOS

 

LA SAGA DE LOS RELATOS DE AMOR QUE NOS CAMBIAN

MES DE SETIEMBRE DEL 2026

Cada vez que sentimos ir por un camino que no conduce a nada; volvamos nuestra mirada al Señor y se recobrará la ruta. Pero qué sucede cuando esto ocurre yendo por el camino que nos colocan el estar dentro de la iglesia.

Los relatos de amor que nos cambian busca constituirse de una mirada introspectiva nuestras vidas. A abrir el corazón completamente a Dios y a sus enseñanzas.

#RelatosdeamordeDANA

Hacemos entrega del relato completo.
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CUANDO UN MAESTRO DE LA LEY SE INSTRUYE ACERCA DEL REINO DE LOS CIELOS

Recuerdan aquel señor rico; aquél que Jesús mencionó que se vestía de púrpura. Hacía banquetes, siempre tenía invitados y no faltaba comida y bebida en su mesa. Al pie de la entrada a su palacio estaba un mendigo, Lázaro. Este otro ansiaba comer algo de las migajas de la mesa del rico. Tenía tantas llagas que los perros lo lamían cuando a su puerta pedía limosna.

Pues bien, aquel señor vestido de púrpura es el que gobierna hoy en este mundo; no lo vemos pero está allí detrás de la puerta que no nos dejan pasar. Cada vez que entra en su palacio se deleita viendo al pie de su puerta al mendigo. No le da cabida en su casa, no le dirige la palabra, no le deja decir que ansía algo de su mesa pues no piensa desperdiciar algo del banquete en una persona así.

Siempre pensamos que el lugar de privilegio es el lugar por encima de personas que en esencia son como nosotros. Tener privilegios como la comida, la bebida, la educación, el lugar en el palacio, estar en el banquete como uno de los invitados.

Que no nos falte el alimento, ni la compañía y que nos reverencien por el lugar que pudimos haber alcanzado. Algo que nos haga mirar por sobre el hombro a los que anhelan el lugar de privilegio nuestro. Porque la reverencia de nuestros similares nos hace ser como Dios.

Y reemplazado Dios en nuestro día a día; cuando se le hubo desalojado por completo, llega el juicio. Cuando menos lo esperábamos. Cuando aquel señor había dicho que pensaba recibirnos. Y es cuando fuimos hallados.

Dios acortó los días de Lázaro para que no fuera a ser que se le cumpliese el deseo de alcanzar algo de la mesa del rico. Alcanzar algo de la mesa repleta de manjares. «Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie; pero lo acortará por amor a los que ha escogido.»

«Un día el pobre murió, y los ángeles lo llevaron a sentarse a comer al lado de Abraham. El rico también murió, y fue enterrado.»

Al morir Lázaro recibió la salvación. Nunca tuvo comunión con Dios, no fue al templo a orar, no leyó las escrituras sagradas, ¿cómo? Si solo ponerse de pie ya le era imposible y tener calma para leer le era inalcanzable. 

¿Cómo fue a parar al lado de Abraham? Acaso no es el lugar donde se recibe consuelo. Nunca la obtuvo al pie de la entrada de aquel palacio del rico. Lázaro fue al lugar más cercano a lo que se llama el reino de los cielos. Era el paraíso, lo más cercano al lugar donde habita el Padre.

En cambio, aquel rico fue a parar al infierno. No podía refrescar su boca porque no se le permitía. Le era imposible por sí mismo. Sabía exactamente la vida que tuvo en la tierra y eso le impedía el acceso a estar al lado de Abraham.

El rico desarrolló la cultura del infierno, desalojó por completo la esencia de Dios para sí. Se llenó de deleites y pasar cerca de Lázaro le llenaba el ego por completo. Nunca quiso recibirlo y si le mencionó algo así fue solo para tenerlo siempre; enorgullecerse de no ser como él.

No queremos imaginarnos si Lázaro hubiese sido llamado a pasar a la casa del rico. Quizás hoy ninguno se salvaría para ir al lado de Abraham.

«Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie; pero lo acortará por amor a los que ha escogido. Si entonces alguien les dice a ustedes: “Miren, aquí está el Mesías”, o “Miren, allí está”, no les crean. Porque vendrán falsos mesías y falsos profetas; y harán grandes señales y milagros, para engañar, a ser posible, hasta a los que Dios mismo ha escogido.»

El reino de los cielos es tener el amor de Dios. Te llamó y acudiste o no tenías algo para llamar la atención del rico; así que sin remedio en la tierra hallas remedio en el cielo. Tan simple como eso. Esperabas todo del rico y como nunca te dio nada; Dios te lo entregará en el cielo.

Te apartó de aquellos deleites y por amor te deleitas de Dios en el cielo. Te apartó del castigo eterno.

Pero la religión nos llama a la comunión en el templo, a leer las sagradas escrituras para hallar sabiduría. A que tengamos el pan y el vino.

«Sucede también con el reino de los cielos como con la red que se echa al mar y recoge toda clase de pescado. Cuando la red se llena, los pescadores la sacan a la playa, donde se sientan a escoger el pescado; guardan el bueno en canastas y tiran el malo… Lo nuevo y lo viejo. Jesús preguntó: 

—¿Entienden ustedes todo esto?

—Sí —contestaron ellos.

Entonces Jesús les dijo:

—Cuando un maestro de la ley se instruye acerca del reino de los cielos, se parece al dueño de una casa, que de lo que tiene guardado sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas.»

Dios nos está instruyendo a abandonar lo viejo. Ya no debemos catalogar a los sacerdotes como alguien arriba de nosotros. «Ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa.»

Cuando nos queda claro que el celebrante de la misa está siendo como nuestro maestro y Señor al igual que lo hacía Jesús es para que lo hagamos nosotros. No hay mayor restricción e impedimento siempre que tengamos claro no ponernos arriba de a quienes hayamos acudido.

No es sencillo, pero nada lo es. Y aquel celebrante instruido en el reino de los cielos echa las cosas viejas para dar paso a lo nuevo y así será en el final de los tiempos. Los ángeles se quedarán con lo bueno y nuevo que vino de parte de Jesús y apartarán lo malo o lo antiguo. Jesús nos aparta de lo que nos conduce a los deleites de este mundo; allí solo hay injusticia y desigualdad.

No nos elevemos a nosotros mismos para que no caigamos en el lugar de tormento. En cambio, allanémonos a nuestros semejantes. Solo así podemos tener parte en el reino de los cielos que es donde habita el Padre.

«¡Ay de los pastores de Israel, que se cuidan a sí mismos! Lo que deben cuidar los pastores es el rebaño. Ustedes se beben la leche, se hacen vestidos con la lana y matan las ovejas más gordas, pero no cuidan el rebaño. Ustedes no ayudan a las ovejas débiles, ni curan a las enfermas, ni vendan a las que tienen alguna pata rota, ni hacen volver a las que se extravían, ni buscan a las que se pierden, sino que las tratan con dureza y crueldad. Mis ovejas se quedaron sin pastor y se dispersaron, y las fieras salvajes se las comieron. Se dispersaron por todos los montes y cerros altos, se extraviaron por toda la tierra, y no hubo nadie que se preocupara por ellas y fuera a buscarlas. “Así que, pastores, escuchen bien mis palabras. Yo, el Señor, lo juro por mi vida: Fieras salvajes de todas clases han robado y devorado a mis ovejas, porque no tienen pastor. Mis pastores no van a buscar a las ovejas. Los pastores cuidan de sí mismos, pero no de mi rebaño. Por eso, pastores, escuchen las palabras que yo, el Señor, les dirijo: Pastores, yo me declaro su enemigo y les voy a reclamar mi rebaño; les voy a quitar el encargo de cuidarlo, para que no se sigan cuidando ustedes mismos; rescataré a mis ovejas, para que ustedes no se las sigan comiendo”.»

Nosotros que esperábamos sentirnos consolados al lado de quienes nos dieron como guías y pastores. Los que creímos que tener aquel lugar o vocación de privilegio en la iglesia era lo que se debía anhelar, pero hoy nos sentimos defraudados.

Nos enseñan acerca de la ceremonia, acerca de las escrituras bíblicas, acerca de cumplir los mandamientos, pero quitaron de todo aquello a Jesús, la justicia y el reino de los cielos. Quitaron a Abraham y a los profetas. Quisieron sentirse apacentados ellos y por eso descuidaron a las ovejas del rebaño y se dispersaron. Dios les reclama hoy porque hicieron del lugar de privilegio en la iglesia para sí y quitaron lo que nos pidió Jesús.

Dios los ha declarado su enemigo y reclama a su pueblo escogido porque hoy su pueblo se ha dispersado. Han llevado a su pueblo a caer en las garras de todo tipo de fieras y el pecado ha hecho morada en donde debía morar Jesús. Quisieron lavarse las manos pero solo consiguieron alcanzar la reprobación de Dios.

Si igual estaban de perdidos fuera, tanto como adentro; para que les fue conferido el papel de guías y de pastores en la iglesia. Acérquense a Dios, ¡instrúyanse del reino de los cielos! Llénense de lo nuevo, no desalojen las palabras de Jesús para colocarse ustedes en su lugar ¡Habiten al amparo de Dios en todos sus caminos!

«Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre.

Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.

Respondieron entonces los judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio, antes honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis. Pero yo no busco mi gloria; hay quien la busca, y juzga. De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte. Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte. ¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¡Y los profetas murieron! ¿Quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.»

Jesús en esta extensa conversación con los judíos, doctores y maestros de la ley les indica lo equivocados que están para intentar matarlo. Si buscaran la verdad reconocerían al hijo de Dios conversando con ellos.

Pero no lo oyen; buscan llevarlo por el camino del linaje de sangre que proviene de Abraham que en esencia debiera ser el camino de Dios y de Jesús. Pero no lo toman así. Jesús mismo condujo a Abraham y son incapaces de reconocer eso. Así que el padre de ellos no es Abraham, tampoco Dios, su padre es el diablo.

Dios se revela a un hombre, no para elevarlo por sobre los demás. Se revela porque siendo como el resto permanezca así. Cualquier hombre que busca la verdad termina con la verdad que lo halla; porque Jesús es la verdad.

No se puede tener la verdad sin reconocer a Jesús como el hijo de Dios.

Oremos. Dios y Padre celestial, tu hijo nos condujo a ti y su esencia contigo es la misma, la verdad. Tenemos fe en que antes que Abraham fue Jesús y Jesús contigo uno es. Danos tu espíritu para entender todas estas cosas porque sin duda uno es hallado por el Espíritu Santo. Te pedimos por quienes están cerca de nosotros y si están alejados tráelos de regreso. Todo esto te pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesús. Amén.

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